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Inestabilidad global; fragilidad nacional

Arde Europa ¿Arderá América? Se extienden los brotes de inconformidad e inestabilidad en Europa. Empezó en París, como el mayo francés de 1968 que cundió por el mundo. Ayer llegaron las llamas a Milán y hay chispas significativas en Bruselas, Lieja, Lisboa... Pero también hay avisos en América. El oleaje humano que inunda las calles en Brasil, premonitorio del triunfo ultraderechista de Flavio Bolsonaro, pro-Trump y promilitar, no augura una época de paz y subsistencia de las libertades democráticas en un gigante polarizado en los lindes de la ruptura. Habrá que ver qué pasó en el debate previsto para la noche de este domingo.

Estados Unidos y México. En Estados Unidos, la proximidad, en dos semanas, de la elección intermedia provoca expectación allá y ansiedad en el mundo, particularmente en México. Y es que podría arriesgar la precaria estabilidad de nuestro país. Por ejemplo, con acciones anticárteles de Trump, aquí, para detener su caída en la aprobación -llega apenas a poco más de un tercio del electorado- y para cerrar la brecha que favorece claramente a los demócratas en intención de voto. Crece allá, además, la resistencia social anti-Trump, contra su allanamiento de los poderes republicanos y su percibido proyecto de absolutismo -supresión de poderes incluida- que los activistas identifican con una pretensión monárquica (‘No King’, llaman a su movimiento).

Contagio. El régimen mexicano añade a sus fragilidades, las derivadas del contagio global. Su primera grieta propia apareció en el flanco laboral, con trabajadores de la salud desbordando un liderazgo sindical oficialista, con demandas difíciles de atender desde otra grieta profunda: una crisis fiscal autoinfligida. Y no hay que perder de vista las fisuras internas ni la probable grieta de un desbordamiento electoral imposible de contener por un INE cooptado e inhabilitado por el propio régimen. ¿Arderá México?

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