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Voto de castigo

Faltan 234 días para las elecciones del 6 de junio de 2027. Morena hará todo, legal e ilegal, lo que esté en sus manos para poder ganar. La oposición, a su vez, hará todo lo posible para que la derrota no sea tan estrepitosa que obligue a hacer cambios en sus dirigencias. Tras haber votado a favor de Morena, la gente seguirá recibiendo sus becas. Los políticos cómplices del narco respirarán tranquilos.

Para violar la ley impunemente, Morena cambió el nombre de sus candidatos por el de “coordinadores para la defensa de la transformación y la soberanía”. Al INE le pareció muy bien esta violación a la ley. Para no quedarse atrás, el PAN designó a sus candidatos como “coordinadores de la defensa de la patria, la familia y la libertad”. El partido oficial y la oposición transgreden la ley y todos contentos. Ese es el estado de nuestra democracia.

Para estas elecciones, las de mayores dimensiones que se hayan realizado en la historia de nuestro país, Morena no plantea ningún cambio de rumbo, como si las cosas fueran muy bien, como si no hubiera una crisis de desaparecidos, una crisis por el desabasto de medicinas, una crisis en el sistema educativo por el desastre que reveló la prueba Pisa, una crisis diplomática con nuestro vecino por la negativa mexicana a cumplir el tratado de extradición. No hay crisis. Las cosas van muy bien. El país no crece. La censura aumenta. Todo bien. Voten por nosotros.

Del lado de la oposición las cosas no pintan mejor. No hay ideas ni líderes. No proponen un nuevo rumbo, se conforman con el enojo ciudadano. Hartos de que la gente los identifique como “Prian”, el PRI y el PAN decidieron volver a reunirse. Gran idea. Movimiento Ciudadano enarbola en cambio las ideas juveniles del septuagenario Dante Delgado. Hay un nuevo partido: Somos, cuya máxima aspiración es conservar su registro. Pero no importa. Los dirigentes de los partidos opositores han descubierto la forma de caer parados aunque se les aviente desde lo alto de cualquier derrota.

Y sin embargo algo se mueve. La gente no está contenta. Las encuestas, aunque señalan con claridad la ventaja de Morena, señalan también la molestia por la economía estancada, la inseguridad y nuestro precario sistema de salud. En estos 234 días van a pasar muchas cosas. Se sucederán los escándalos de corrupción. Las muertes violentas. La ineficacia gubernamental. No soy adivino, es una constante desde los últimos ocho años.

Morena ha sabido lidiar muy bien con los escándalos cotidianos. Se encuentran fosas con cientos de cadáveres calcinados. La presidenta dice que se investigará. Pasa el tiempo y no hay culpables. Un nuevo escándalo sepulta al anterior. Se detecta una transferencia a Suiza de miles de millones de pesos de Amilcar Olán, el prestanombres de Andy López, y no suscita mayor enojo que la expulsión de un actor de la casa de los famosos. La oposición alza inútilmente la voz en el Congreso. La propaganda del gobierno y sus voceros, incrustados en la mayoría de los medios de comunicación, minimizan el hallazgo. Aquí no pasa nada, parecen decir, de mayor trascendencia que las rosas (Pellicer).

Habrá, por supuesto, voto de castigo porque el pueblo, según dijo la presidenta Sheinbaum, “no es tan tonto”. La gente castigará a Morena por Andy, por la falta de medicinas, por la inseguridad en las calles y en las carreteras, por los baches y los apagones, por los niños que no pueden leer una frase de corrido, por las mentiras y el cinismo, por la corrupción y los crímenes impunes. Castiguémoslos con nuestro voto.

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