La marcha de los trabajadores de la salud pondrá en evidencia la falsedad de las conferencias mañaneras.
Ningún gobierno hizo tanto daño a los servicios públicos de salud como el de López Obrador.
Fue deliberado.
Ya no digamos -aunque no hay que olvidar- los cientos de miles de mexicanos muertos en exceso por Covid. Los que no debieron morir.
Ni que México fue el país con mayor porcentaje de trabajadores de la salud muertos durante la pandemia, por la mala calidad de los equipos para trabajar en la emergencia.
De golpe y porrazo, López Obrador privatizó la salud en el país.
En seis años el número de mexicanos sin acceso a los servicios de salud pasó de 20.1 millones en 2018, a 44.5 millones en diciembre de 2024.
Ahí vino la privatización obradorista.
De acuerdo con México Evalúa, en el sexenio anterior el gasto de bolsillo para salud (farmacia, consultas) aumentó en 80 por ciento en los hogares pobres, y en 34 por ciento en los hogares de mayores ingresos.
Cuando se habla de privatización de la salud no quiere decir que la gente vaya al ABC u otro gran hospital, sino que se forman filas afuera de los consultorios en las farmacias particulares.
Las farmacias y sus consultorios adjuntos hacen el trabajo que debería hacer el Estado.
Si se quiere una atención más especializada, con análisis clínicos, las citas pueden tardar un año.
Y no por falta de voluntad de los médicos y enfermeras, que trabajan en condiciones deplorables, sino por falta personal, equipo, indumentaria, infraestructura.
El aumento salarial a los trabajadores de la salud fue inferior al incremento que se otorgó al SNTE (brazo electoral de Morena) y a los bárbaros de la CNTE.
López Obrador destruyó hasta el sistema de distribución de medicamentos, que requiere de un tratamiento especializado.
Se lo encargó al Ejército y fue un fracaso. Luego a Birmex, igual.
El gobierno ni siquiera puede distribuir lo que compra.
Fueron encontrados, en el Hospital Infantil de México, 18 millones de medicamentos e insumos caducos.
Hay ganadores en la destrucción deliberada del sector salud: la corrupción de los allegados al entonces presidente.
Una ferretería del contador de Amílcar Olán, amigo de Andy López Beltrán, vendió al IMSS medicamentos contra la diabetes (11 contratos) con precio pactado de 210 a 225 pesos por envase, pero pagó hasta dos mil 300 pesos por envase, por tratarse de una emergencia, reportó Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.
MCCI también puso a la luz contratos por más de 490 millones de pesos con los gobiernos de Tabasco y Quintana Roo, financiados con recursos del Insabi, asignados al famoso empresario (hecho al vapor) cercano a Andrés López Beltrán.
El gobierno detectó sobreprecios potenciales por cerca de 13 mil millones de pesos en 175 claves de la compra consolidada.
Son los casos Romedic, Poyago, Birmex, etcétera.
Lo que se dijo en las conferencias mañaneras de mejorar la atención a la salud de los mexicanos fue mentira.
Fue mentira que tendríamos un sistema de salud pública mejor que en Dinamarca.
Falso fue que eliminarían la corrupción en la compras y distribución de medicamentos.
Mentira es que no había recursos económicos suficientes: para el año electoral de 2024 el gobierno se endeudó por un billón 200 mil millones de pesos.
Y en 2025 la deuda pública aumentó otro billón 200 mil millones de pesos.
¿Dónde está el dinero?
Díganlo, ¿por qué hay escasez de medicinas?
¿Por qué los servicios e instalaciones de salud están deteriorados hasta la indignidad?
¿Por qué hay escasez de personal médico, están mal pagados y tienen menos prestaciones que los pirómanos de la CNTE?
¿Por qué no pueden distribuir las medicinas que compran?
¿Por qué la corrupción donde más duele: en la salud de los mexicanos?
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