En 2024 Morena llegó a su plenitud electoral: su candidata Claudia Sheinbaum ganó la Presidencia con 36 millones de sufragios, 61% de la votación total. Victoria aplastante; 20 millones de votos más que Xóchitl Gálvez, quien quedó en segundo lugar; incluso superó por 6 millones los votos de López Obrador en 2018. La coalición oficial obtuvo 54% en la elección de diputados federales; 41% de Morena y 13% del PT y el PVEM. El poderío de la 4T en su máximo esplendor.
Con un pequeño problema. Ese desempeño electoral le costó al país, alrededor de 15 billones de pesos (10 billones de deuda pública más cinco de los presupuestos ordinarios gastados en programas sociales y obra pública inútil) el peor despilfarro de dinero público, para comprar conciencias, votos, sumisión y popularidad.
Faltando ocho meses para las elecciones de 2027, el panorama para la 4T es bastante favorable:
a) Decidieron mantener el dispendio gubernamental (la deuda seguirá creciendo pues para el próximo año se pedirán 1,7 billones más) por lo que mantendrán contenta a su base y dispondrán de dinero para financiar campañas de ocho meses (ilegales, por supuesto, pero qué importa; también alcanza para los consejeros del INE y magistrados del Tribunal).
b) La oposición da pena y risa. PRI y PAN han hecho durante tres años todo lo necesario mantenerse enanitos, mientras MC insiste en su extraña vocación doble: hacerla de esquirol de Morena y promover la política de la banalidad (la cualidad de lo vulgar o insignificante, según el diccionario) como lo han hecho en Nuevo León. Ojalá y Somos se construya como algo digno y confiable para los millones de mexicanos que buscan una alternativa real.
c) Todas las encuestas le dan a Morena y su coalición una ventaja enorme, incluso supera la votación conjunta de todos los partidos opositores.
Así las cosas, algo no cuadra. Si todo indica que ganarán ¿por qué tanto miedo y nerviosismo? ¿por qué se empeñan en hacer una elección de Estado? Hagamos un recuento: Se apoderaron de las dos autoridades electorales, INE y Tribunal; con la designación de Ariadna Montiel, secretaria del Bienestar como presidente de Morena, trasladaron recursos, estructura y programas gubernamentales al partido oficial; han cambiado leyes a su antojo hasta para declarar nulas elecciones con el pretexto de la intervención extranjera, limitar la libertad de expresión, amedrentar a los medios y hasta encarcelar por publicar memes; hasta pretendían hacer válidas las boletas planchadas, pero al hasta al Tribunal electoral le pareció exagerado y reculó la decisión de los consejeros del INE; encarcelan a Ruffo como mensaje de ultratumba: el uso discrecional y partidista de la procuración de justicia y para que quede muy claro su poder le quitan nombre, color y logo a Somos México por meras ganas de joder. La cancha dispareja y el árbitro comprado sin pudor como no se había visto en más de 50 años.
Morena y Sheinbaum saben que serán el partido más votado en 2027, pero tienen mucho miedo de no repetir el porcentaje de 2024 en la elección de diputados (54%). Ese parece ser su indicador de triunfo/derrota. Sacar 45% (resultado probable considerando los escándalos de corrupción y narco vínculos al por mayor y el fracaso en materia de violencia e inseguridad, entre otros muchos) no solo elevaría al triple los costos de volver a hacer fraude constitucional para tener mayoría calificada, sino que además mandaría el mensaje de un partido en declive y en riesgo de perder en 2030. El valor simbólico de un partido hegemónico en franco retroceso, derrotado por sí mismo, por su inmensa e inagotable capacidad de mentir, robar y traicionar.
Tan simple como eso: si no pueden ni quieren acabar con el pacto de impunidad, hay que mantenerse en el poder vía elecciones fraudulentas de Estado.
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