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No le echen la culpa a Trump

Como nunca admiten sus errores, el sector más atrasado de la izquierda latinoamericana ha encontrado en Trump al chivo expiatorio para explicar sus derrotas.

Pero no es Trump el responsable del giro a la derecha, sino la corrupción, o la ineptitud, o la delincuencia, o la obstinación en modelos económicos fracasados. O todas las anteriores.

Trump es la persona más impopular en todo el continente, y de manera especial en los países donde la izquierda ha sido derrotada en Europa y América.

El Pew Research Center publicó en junio de este año una encuesta realizada entre 42 mil 151 personas de 36 países. Sólo el 23 por ciento, en promedio, manifestó confianza en Trump para conducir los asuntos mundiales.

En Alemania sólo el 16 por ciento confía en el presidente estadounidense. Sin embargo, el Partido Socialdemócrata (SPD), que obtuvo el 25.7 por ciento de los votos en 2021, cayó al 16.4 por ciento en 2025.

Alternativa para Alemania (AfD), de derecha radical, duplicó su votación: del 10.4 al 20.8 por ciento.

Es decir, los alemanes rechazan abrumadoramente a Trump y, al mismo tiempo, abandonaron al partido Socialdemócrata y se fueron a la ultraderecha de ribetes nazis.

Portugal es otro ejemplo. El Partido Socialista obtuvo el 41.4 por ciento de los votos en 2022 y consiguió mayoría absoluta.

Tres años después cayó al 22.8 por ciento. Perdió casi 19 puntos porcentuales, mientras la derecha radical de Chega lo desplazaba como segunda fuerza parlamentaria.

La encuesta de Pew no incluyó a Portugal. Pero sí documentó un deterioro general de la imagen de Estados Unidos en Europa. En Francia, apenas el 15 por ciento confía en Trump; en Países Bajos, el 15; en Suecia, el 11.

El debilitamiento de la izquierda va de la mano con la impopularidad del presidente estadounidense, lo que no implica que esto último sea el motivo de lo primero.

Aquí en América Latina las derrotas de la izquierda comenzaron antes del regreso de Trump a la Casa Blanca.

En Argentina Javier Milei derrotó al peronismo en 2023 con el 55.7 por ciento de los votos. La inflación, la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro económico pesaron sobre el gobierno de Alberto Fernández.

Perdió el correísmo en Ecuador en las elecciones presidenciales de 2023 y volvió a perder en 2025.

Bolivia ofrece un contraste espectacular. El Movimiento al Socialismo ganó en 2020 con el 55.1 por ciento de los votos.

Y en 2025, su candidato oficial obtuvo apenas el 3.2 por ciento. La crisis económica y la ruptura entre Evo Morales y Luis Arce precedieron al derrumbe electoral.

¿Qué tiene que ver Trump en eso?

Chile también cambió de rumbo. Gabriel Boric ganó en 2021 con el 55.9 por ciento. Cuatro años después, la candidata oficialista Jeannette Jara perdió ante José Antonio Kast, quien obtuvo el 58.2 por ciento.

Colombia se sumó en junio de 2026, cuando Abelardo de la Espriella derrotó por estrecho margen al candidato de la izquierda, Iván Cepeda.

La izquierda de Brasil hace maletas.  Lula quedó detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta presidencial del domingo pasado y todo apunta hacia la alternancia por el flanco derecho.

¿Culpa de Trump?

Indica el Pew que en Brasil sólo el 30 por ciento de sus habitantes expresa confianza en Trump.

En Argentina, menos: el 29 por ciento.

¿Los electores mexicanos van a correr detrás del flautista de Mar-a-Lago?

 En México sólo lo aprueba el 11 por ciento de la población.

El pretexto de que la población saca a la izquierda del poder manipulada por la injerencia de Trump, se cae por sí mismo.

La pregunta que debe hacerse la izquierda no es por qué crece la derecha, sino por qué tantos de sus antiguos electores dejaron de votar por ella.

Los obreros en Francia. Los alemanes que han disfrutado del Estado de bienestar creado por la socialdemocracia. Las mayorías de América Latina que creyeron en que con la izquierda ponían fin a regímenes de privilegios y exclusión. Todos ellos abandonaron a la izquierda.

¿Por qué?

Por el injerencismo de Trump, dicen el gobierno y su partido en México. La afirmación es insostenible.

Van a perder en Brasil y solo quedará México gobernado por la izquierda anacrónica, en todo el continente donde hay elecciones.

Están asustados en el gobierno porque van a perder la presidencia en 2030.

Y en lugar de corregir persisten en defender el consorcio político criminal de partido-cárteles.

Reparten dinero a manera de “programas sociales”, mientras desvalijan la inversión en infraestructura, seguridad, salud y educación.

Se van a ir, y no será culpa de Trump.

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