Brasil votó y habrá segunda vuelta. Flávio Bolsonaro obtuvo 56.1 millones de votos, el 47.03% de los sufragios válidos; Luiz Inácio Lula da Silva alcanzó 53.9 millones, el 45.16%. Una diferencia de aproximadamente 2.23 millones de votos separó a ambos. El próximo 25 de octubre disputarán la Presidencia. La ventaja de Flávio es relevante, pero la elección sigue abierta.
El bolsonarismo también avanzó en el Congreso. El Partido Liberal consiguió 121 de los 513 diputados y ganó 19 de las 54 plazas senatoriales en disputa. Tendrá 28 de los 81 senadores: será la primera fuerza en ambas cámaras, aunque sin mayoría absoluta propia. Tarcísio de Freitas fue reelecto gobernador de São Paulo con 62.65%. Brasil gira a la derecha.
Varias encuestas subestimaron a Flávio. El voto útil de quienes preferían otras candidaturas de derecha ofrece una explicación plausible de su crecimiento final. Los mercados de predicción ya lo favorecían para ganar la Presidencia, aunque ese pronóstico deberá esperar la segunda vuelta.
Lula llegó a las urnas después de anunciar un aumento del Bolsa Família, prohibir las plataformas de apuestas y prometer Ozempic para tratar la obesidad mediante el sistema público de salud (no es broma). El momento electoral de esas medidas merece escrutinio. No le alcanzaron para terminar primero, mucho menos para ganar sin segunda vuelta.
La abstención alcanzó aproximadamente 21.08%: 33.4 millones de personas no acudieron a votar. Movilizar a ese electorado será uno de los desafíos de ambos candidatos.
En el terreno operativo hay buenas noticias. Las urnas electrónicas permitieron conocer los resultados con rapidez. En los centros visitados durante la jornada, la observación de la OEA reportó apertura puntual, materiales disponibles y condiciones adecuadas de seguridad. La administración electoral ofrece una experiencia que merece reconocimiento y estudio.
La organización corresponde a la Justicia Electoral, que reúne funciones administrativas y jurisdiccionales. El Tribunal Superior Electoral encabeza esa estructura; el Supremo Tribunal Federal puede revisar determinadas decisiones, particularmente por cuestiones constitucionales. Esa combinación ayuda a entender el peso de los jueces en la competencia política brasileña.
Pero también hubo terrenos sensibles. Las llamadas decisiones monocráticas, adoptadas por un solo ministro, produjeron controversias sobre publicaciones, debates y candidaturas. Una orden para incorporar a Renan Santos al debate de Globo llegó dos horas antes de comenzar, después de negativas de otros ministros. La sucesión de intervenciones terminó en la cancelación del encuentro. La ciudadanía perdió una oportunidad para contrastar propuestas.
Ahí aparece el riesgo de pasar de la judicialización de la política a la politización de la justicia. Cuando los tribunales parecen divididos en bandos y sus decisiones llegan a destiempo, se resienten la certeza electoral, la libertad de expresión y la confianza en su imparcialidad.
La tensión puede crecer. Un levantamiento de Folha identifica al menos 49 senadores del próximo Congreso favorables, con distintos matices, al impeachment de ministros del Supremo: cerca de los 54 votos necesarios para su remoción. La rendición de cuentas judicial es indispensable; utilizarla como revancha política amenaza la independencia de un contrapeso fundamental.
La observación internacional es fundamental. La OEA desplegó su mayor misión en Brasil, encabezada por José Miguel Insulza y coordinada por Gerardo de Icaza, con 91 observadores en 20 estados y el Distrito Federal. Sus informes permitirán valorar fortalezas y problemas más allá de las narrativas partidistas.
El péndulo político americano muestra avances de las derechas, después de las olas de izquierda. Pero cambiar de color no garantiza fortalecer la democracia. El populismo autoritario prospera cuando se concentra el poder y se debilitan sus límites.
México debe poner sus barbas a remojar. Brasil deja buenas lecciones sobre gerencia electoral, tecnología y observación electoral, junto con advertencias sobre una justicia politizada, abstencionismo y expresión libre.
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