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Disturbios en Francia: una protesta convertida en estrategia

Francia vive una ola de protestas que comenzó en los liceos de los suburbios parisinos, extendiéndose por todo el país. El detonante fue las malas condiciones de los centros educativos, con edificios deteriorados, falta de profesores, aulas saturadas y recursos insuficientes. La movilización, sin embargo, ha escalado hasta convertirse en violentos disturbios, con bloqueos, incendios, saqueos y enfrentamientos con la policía.

Estas protestas fueron explotadas políticamente por La France Insoumise (LFI), el movimiento de izquierda radical liderado por Jean-Luc Mélenchon, que plantea una profunda transformación económica, social e institucional, basada en la ruptura con el orden existente, así como una fuerte intervención estatal, redistribución de la riqueza y una política migratoria más abierta. Su estrategia busca convertir el descontento social en presión política de cara a las elecciones. Los servicios de inteligencia atribuyeron a LFI y a grupos de extrema izquierda una operación para organizar, extender y hacer más violentas las movilizaciones.

Mélenchon busca captar a los jóvenes de barrios populares y al electorado musulmán, cuyo creciente peso político favorece a LFI. Francia alberga la mayor población musulmana de Europa. Una investigación de Fondapol revela la magnitud de este fenómeno: 72% de los musulmanes encuestados declararon haber votado o querer votar por LFI, frente a 23% del conjunto de los electores. Su acercamiento a este electorado y los vínculos documentados de algunos representantes de LFI con el islamismo radical han alimentado la llamada alianza rojo-verde, que busca convertir este voto en un factor decisivo, como recientemente sucedió en Suecia (ver Malkah Nobigrot, Elecciones en Suecia: la nueva hoja de ruta electoral para la izquierda en Europa).

Las elecciones presidenciales francesas se celebrarán en abril y mayo de 2027. Mélenchon necesita consolidar su espacio, concentrando el voto de izquierda y evitando que el Partido Socialista u otras fuerzas recuperen terreno. Para ello, le resulta funcional mantener la confrontación con el Rassemblement National (RN), principal fuerza de la derecha nacionalista y antiinmigración, liderada por Marine Le Pen, y debilitar a las fuerzas centristas. El resultado es un escenario cada vez más polarizado en el que la competencia se concentrará en los extremos.

La operación funciona en ambas direcciones. LFI necesita que Le Pen aparezca como la amenaza que obliga a votar por la izquierda radical; el RN necesita que Mélenchon represente el peligro que justifica el voto de derecha. Ambos movimientos consideran que su mejor escenario sería enfrentarse directamente en la segunda vuelta.

Así, una protesta nacida de problemas con la educación terminó convertida en un escenario de confrontación entre los extremos. Para Mélenchon, ofrece una oportunidad para fortalecer su relación con una Francia joven y popular, distante de los partidos tradicionales y desencantada con el funcionamiento de la democracia y un sistema económico capitalista, al que percibe como incapaz de ofrecer oportunidades suficientes, particularmente a los jóvenes y a las minorías. Para Le Pen, la violencia confirma el fracaso del modelo de integración y alimenta su discurso de autoridad, seguridad y control de la inmigración.

Pero el verdadero peligro está en la instrumentalización política de la violencia. Una dinámica que normaliza la confrontación, coquetea con la insurrección y establece convergencias con sectores islamistas para ampliar su base electoral y conquistar el poder, aun cuando sus agendas y valores difieren profundamente, termina poniendo en juego mucho más que una elección. Pone en juego los valores republicanos que Francia tardó siglos en consolidar y los principios fundamentales de las democracias occidentales. Cuando conquistar el poder exige erosionar las reglas que sostienen una sociedad libre, la polarización deja de ser una estrategia electoral y se convierte en una amenaza al orden republicano y a los valores que cohesionan al país.

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