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Ivan Illich: un titán de la educación y la tecnología con rostro humano (I)

En septiembre pasado concluyeron los festejos del centenario del nacimiento de Iván Illich (1926-2002).  Su vida y obra fue celebrada en 30 países, además de los eventos organizados en las redes sociales. Habiendo sido México el epicentro de su trabajo, los actos más prominentes ocurrieron  en Morelos (El Palacio de Cortés), La UNAM y el Colmex. Sus proféticas críticas a la Medicina la escuela, la tecnología y a las estructuras sociales deshumanizadoras abrieron nuevas rutas al análisis académico. Más aún, al estar dichas ideas interconectadas con la Teología de la Liberación, dichas ideas impulsaron importantes movimientos sociales en la región latinoamericana. Al ser Illich un personaje multifacético, en esta primera entrega solamente se enmarcan sus antecedentes, para posteriormente centrarnos en su obra.

Illich fue un sacerdote católico secular, convertido en educador mundial por fuerza de su talento rebelde. Lo conocí personalmente siendo estudiante en PennState University (EU). Debido a mi devoción a sus seminarios de otoño, en su fase de educador itinerante, aunada a mi añeja admiración hacia su obra, él me concedió una de sus últimas entrevistas, aquiescencia que típicamente evadía, debido su rechazo a la tecnología. En función de lo anterior, aceptó la entrevista a condición de que yo captara sus ideas con lápiz y papel.

Florecimiento

Illich nació en Viena el 4 de septiembre de 2026, de padre católico y madre judía. Creció con su abuelo materno tras el divorcio de sus padres. Sorteó con dificultad la devastadora etiqueta nazista de ser ‘medio-judío’ escapando de Austria. El nazismo es una corriente inspirada en las teoría pseudocientífica estadounidense de la Eugenesia (mejoramiento humano a través de la genética), todavía vigente como recurso discriminatorio para capturar la plusvalía, particularmente prevaleciente en sociedades y grupos pudientes.

A los 25 años, Illich ya se había convertido en erudito, políglota, químico, cristalógrafo, y doctor ‘suma cum laude’ en filosofía, teología e historia, en la Universidad de Salzburgo (1951).  Teniendo el camino abierto a la diplomacia en el Vaticano, eligió en su lugar  trabajar en un centro de Manhattan que protegía a los inmigrantes puertorriqueños del rampante racismo de las comunidades italianas e irlandesas. Asimismo, actuó como asistente de sacerdote en el barrio latino de Nueva York, para permitirle a los boricuas el acceso a las misas. Su labor generó tanta empatía que, en  1956, junto con su protector el cardenal Spellman, festejó el día de San Juan en la Universidad de Fordham, evento al que asistieron 30 mil puertorriqueños.  Ese mismo año fue enviado por Spellman a Puerto Rico, con el nombramiento de  Vicerrector de la Universidad Pontificia. En 1960 hubo de abandonar ese puesto al contravenir las posiciones políticas y mandatos eclesiales del rector. En esa misma época, el Pontífice Juan XXIII lo nombra camarero secreto del Papa y le asigna el título de Monseñor.

En 1961 funda el Centro de Formación Intercultural (CFI, luego CIC y finalmente CIDOC ), en la Universidad Fordham, con dos sedes adicionales, una en Petrópolis[1] (Brasil), gracias  al apoyo del obispo Helder Cámara, y la otra en Cuernavaca, con el Obispo Sergio Méndez Arceo, ciudad donde también residía el monje Benedictino Gregorio Lemercier, fundador y prior del monasterio de Santa María de la Resurrección, quien introdujo el  psicoanálisis a las prácticas monásticas de su comunidad. Illich decide establecer su nueva residencia en Cuernavaca tras hacer un recorrido en América Latina.

En la siguiente entrega se abordarán sus principales aportaciones de Illich a la educación, la tecnología y la medicina.


[1] En Petrópolis, Brasil  se denominó: Centro de Formação Intercultural (CENFI)

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