El domingo 25 de octubre, a los casi 81 años, y por cuarta ocasión (2002, 2006, 2022, 2026) Lula ganó la presidencia de Brasil, tras un inesperado viraje electoral ocurrido en la segunda vuelta. Durante su primera trayectoria hacia la presidencia fue atacado políticamente por carecer de estudios universitarios. Su cuarto arribo a la presidencia en el quinto país más grande del mundo es muy significativo para México, ya que frena la expansión de los gobiernos derechistas en la región. Como incansable líder de las causas populares ha impulsado consistentemente las acciones afirmativas de arribo y permanencia en la educación superior. Resulta importante analizar este nivel porque refleja la consistencia, logros y asignaturas pendientes de cualquier nación interesada en impulsar la formación profesional con calidad y equidad entre sus ciudadanos. Ese es el tema que aquí se expone.
Desde hace varias décadas, Brasil tiene una matrícula de educación superior predominantemente privada. En las tres gestiones de Lula dicho predominio se atenuó, al expandirse la educación pública presencial, aunada a programas compensatorios (becas y recursos asistenciales). También se establecieron ayudas para estudiantes pobres, afrodescendientes, y miembros de las culturas originarias. Al iniciar su primera gestión (2002-2006), la matrícula total en el sistema de educación superior -SES- que considera licenciaturas, maestrías y doctorados públicas y privadas, era de 3.9 millones. Al terminar su segundo mandato consecutivo (2006-2010), esa cifra se elevó a 6.5 millones. Al inicio de la tercera gestión (2022-2026), el SES ya tenía 9.7 millones, y a su término, 10.6 millones, correspondiendo 10.2 a la licenciatura y 350 mil al posgrado. En la educación pública, la matrícula es de 2.1 millones en licenciatura y 287 mil en posgrado.
En el primer discurso de Lula el domingo pasado, tras confirmarse su triunfo con un sorpresivo margen de 4.4 millones de votos adicionales a los de su contendiente (Flávio Bolsonaro), con gran emoción y una garganta ronca, ofreció una apretada síntesis de un potencial programa de gobierno, que concluirá en el 2030. En ese eufórico momento declaró: “Voy a continuar haciendo la revolución de la educación brasileña". Esto significa la universalización de la educación básica de tiempo completo y becas en educación media y superior, “para que ningún joven desista de estudiar porque requiere trabajar…escuchen, enseñaremos más matemáticas y más ingenierías, porque no quiero estar dependiendo de una Inteligencia Artificial china o americana. Quiero crear una Inteligencia Artificial brasileña”.
En breve, el principal interés educativo de Lula es impulsar el tránsito de Brasil hacia el pleno desarrollo, fortaleciendo la calidad y aumentando las oportunidades de ingreso a la educación superior, así como la calidad en las ciencias básicas. Pero el esfuerzo por avanzar hacia la igualdad, debería proponerse la recolección de indicadores mediante un seguimiento sistemático de las oportunidades laborales (o no), procuradas por los egresados. Sólo así será posible establecer la conexión entre acceso, permanencia, pertinencia, titulación y trabajo.
En las gestiones previas se hizo patente que el conocimiento ofrecido por las universidades (capital cultural) no conlleva un reconocimiento profesional en los mercados laborales, hacia quienes tienen un limitado capital social (generación de confianza a priori, tipo de costumbres, lenguajes, apariencia y obtención de recursos mediante redes de vínculos y conexiones)[1]. La sistematización de este tipo de indicadores constituye también un imperativo en la educación superior mexicana. El cuarto mandato de Lula será el más difícil debido a la amenaza que representa el perdedor, Flávio Bolsonaro, por el arribo al Congreso de una mayoría opositora y por una deuda pública del 82.9% del PIB, en proporción al presupuesto de 2026. En el ámbito personal, enfrentará el compromiso de completar su mandato para no defraudar a los electores y así –según sugirió–, superar al presidente Franklin D. Roosevelt, quien falleció durante su cuarta gestión presidencial.
[1] Los conceptos de capital cultural y capital social son de Bourdieu y Passeron
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