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¿Y cómo está México?

Madrid.- La presidenta Claudia Sheinbaum tiene la inmensa virtud de producir cansancio, hartazgo, aburrimiento. Tanto en la forma como en el fondo, la manera de conducirse en sus apariciones públicas es soporífera.

La obsesión por presentarse reiteradamente en el Zócalo capitalino es muestra clara de la enfermiza obsesión por demostrar un “poder de convocatoria popular” que raya en lo absurdo, siendo que son perfectamente conocidos los mecanismos de acarreo de masas, herencia genética del PRI, su alma mater política. Obsesión con la que buscan justificar la falsedad de sus encuestas de popularidad pagadas por el gobierno.

Esta semana, la Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas (cargo que repiten hasta el hartazgo cada semana) presentó nuevamente su Informe de Gobierno frente a los ciudadanos capitalinos. Sheinbaum salió de Palacio Nacional acompañada de su simpatiquérrimo esposo, Jesús María Tarriba, para reiterarnos por millonésima vez su retahíla de frases, expresiones populistas y falacias sobre el estado de la nación.

Esta misma semana, en una plática telefónica con un buen amigo jesuita en Madrid, éste me preguntó ¿y bien, mi querido Bernardo, cuéntame cómo está México? Mi respuesta, a bote pronto, me sorprendió a mí mismo.

Dije, de manera tajante: deteriorado.

Y sí, es mi convicción que si bien México funciona como país, éste funciona mal. México sigue siendo fascinante para los turistas, pero para el ciudadano de a pie, la cotidianidad está teniendo efectos donde se nota ese deterioro nacional.

México tiene una economía en proceso de deterioro, derivado de irresponsable gasto público en obras absurdas, faraónicas, ineficientes y costosísimas a cargo de los contribuyentes, sumado a la repartición de dinero a diestra y siniestra, disfraz demagógico de “programas sociales”, pero que no es otra cosa que el embrión de dictadura que es la 4T. Mucho analistas internacionales ya expresan su preocupación por ese deterioro en materia económica.

El deterioro en materia de seguridad pública nacional es profundamente notorio, por más que nos quieran presumir a Omar García Harfuch como el nuevo paladín policial de la nación. Los homicidios no paran; el asalto a mano armada es una irrefrenable amenaza diaria para los ciudadanos; la extorsión y el cobro de derecho de piso son la constante en todo el territorio nacional. Y queda claro que esto produce inevitablemente un deterioro en el ánimo de la sociedad mexicana.

El deterioro en nuestra relaciones internacionales es brutal. Deterioro por doquier. En la relación con los Estados Unidos es notable. No somos vistos como un socio confiable. La ausencia de México en el mundo se acrecienta día a día. El discurso defensor de la “soberanía” ya cansa, tanto por su contenido como por el tonito sobreactuado de la Sra. Sheinbaum.  

El deterioro nacional se nota también en la polarización social que, desde la gestión patética de López Obrador hasta la actualidad, han alimentado desde el gobierno, a fin de crear una fantasía perversa de “buenos y malos”, de “inocentes o culpables” de la tragedia nacional.

Para donde miremos México padece un acentuado deterioro: en materia democrática; en la aplicación de la justicia; en la educación de nuestra niñez; en las relaciones políticas; en la defensa de los derechos humanos. Repito, deterioro por doquier.

No hay mejor muestra de esa desmejora nacional que el rostro de la propia Sheinbaum, dado que hasta en Morena, su partido, el deterioro es notable, debido a un sobrecalentamiento interno con motivo de tantas aspiraciones políticas simultáneas y tantos compromiso del gobierno y su partido con el crimen organizado.

Así que ya es hora de que alguien le avise a la sra. Sheinbaum que por más que se desgañite en su aburrida retórica populista, el país está en un preocupante proceso de deterioro que no se puede ni se debe tolerar. Ya basta.

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