El clima de México ya cambió y se nota dentro de las casas. Hay colonias que pasan días con la llave seca. El calor de mediodía vuelve peligroso trabajar en una obra o en el campo, y una tarde de lluvia inunda una calle y se lleva lo que una familia tardó años en comprar. Eso es una crisis climática, y una crisis se atiende con dinero asignado y con obligaciones que alguien cumpla.
El Proyecto de Presupuesto de Egresos para 2027 hace lo contrario. El Anexo 16, que reúne los recursos federales contra el cambio climático, pasa de 212 mil 569.7 millones de pesos aprobados para 2026 a 160 mil 120.9 millones. Son 52 mil 448.8 millones menos, una caída de 27 por ciento en términos reales al descontar la inflación promedio de 3.2 por ciento que Hacienda proyecta. El anexo entero equivale al 1.5 por ciento del gasto neto total.
El recorte llega donde más se siente. El programa que construye las redes de agua y las plantas de tratamiento baja de 16 mil 947.9 a 13 mil 577.2 millones de pesos, casi 20 por ciento menos. Los servicios de operación y suministro hídrico pierden 27 por ciento, y la conservación de áreas naturales protegidas, 35. El mismo proyecto cuenta como gasto climático ese programa completo, cuando en 2026 apenas una décima parte entraba en el anexo.
Más de la mitad del anexo de 2026 eran programas sin relación con el clima. La defensa de la soberanía del territorio nacional valía 44 mil 673.4 millones dentro del anexo climático; la infraestructura de seguridad nacional, 40 mil millones; la política de hidrocarburos, 26 mil 370. Los tres salieron para 2027, 111 mil 43.4 millones, y lo que entró a cambio no llega a la cuarta parte de ese monto, con la infraestructura económica de hidrocarburos como el renglón más grande. La exposición de motivos describe el anexo sin mencionar la caída ni los programas que dejaron de contar.
Lo que quedó está concentrado. Cinco programas se llevan el 80 por ciento del anexo y la infraestructura ferroviaria sola, 34 por ciento. Petróleos Mexicanos recibe 678 mil 662.7 millones de pesos, el 6.4 por ciento del gasto total y más de cuatro veces todo el gasto climático. El Anexo 15, el de transición energética, sube 10 por ciento real y aun así queda penúltimo entre los catorce anexos transversales.
Ningún programa del anexo queda vinculado a una meta. El proyecto describe la acción climática de cada uno en una frase y en ninguna aparece una cifra de emisiones evitadas, hectáreas restauradas o personas con servicio de agua. La contribución nacionalmente determinada, la meta de México ante el mundo, se menciona una sola vez en todo el anexo, en una acción de 7.8 millones de pesos. Un gobierno que etiqueta 160 mil millones como gasto climático sin obligarse a medir un resultado se da permiso de llamarle clima a cualquier cosa.
En la mesa de desarrollo sustentable del Parlamento Abierto dejé cuatro peticiones. Que se instale el observatorio climático de manera transversal en las cuatro comisiones a las que corresponde: Cambio Climático, Medio Ambiente, Presupuesto y Hacienda. Que la reducción del Anexo 16 se justifique con datos o se revierta. Que se depure el anexo de programas sin vínculo climático real, con sustitutos, y que las metas de la contribución nacionalmente determinada se vinculen a cada programa. Y que el agua y el saneamiento se etiqueten con perspectiva de crisis hídrica.
Las organizaciones piden desde el año pasado que ese observatorio se instale en las comisiones y no se ha logrado. Hemos conseguido pláticas y avances con las presidentas, y el trabajo técnico de una mesa de dos horas podría ser el de un año entero, con método. La discusión del presupuesto termina en noviembre y llevaré esas cuatro peticiones hasta el dictamen. Si no se va a hacer nada de esto, que le cambien el nombre al Anexo 16, porque de cambio climático no tiene nada.
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