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En Guerrero, pactar con el cacique

Una de las desgracias de Guerrero es el poder caciquil que ejerce el senador Félix Salgado Macedonio.

No pudo ser gobernador, porque el INE se lo impidió por los manejos poco claros de las finanzas en su precampaña.

Tampoco le ayudaron las denuncias que presentaron mujeres agraviadas, a las que nunca se les procuró justicia, porque en esa entidad nadie se mete con él.

Se trató, en alguna medida, de fuego amigo, no porque no existiera material para indagatorias judiciales, sino porque creían que un golpe de esa magnitud podría desbarrancarlo. Se equivocaron y en grande. La rectitud y la decencia son atributos que solo aplican si favorecen a quien ya tiene la bendición del líder de antemano; de otro modo, son piezas prescindibles y sin importancia.

El descalabro lo solucionó López Obrador haciendo que se postulara a Evelyn Salgado, la hija del senador y exalcalde de Acapulco.

La historia es conocida: Morena ganó la contienda y se perfila para hacerlo otra vez si los opositores no postulan una candidatura en conjunto y que además sea atractiva para diversos sectores.

Sobre el gobierno de Evelyn seguramente vendrán los análisis y los balances, pero es innegable que se trató de un mandato tutelado, donde su padre nunca dejó de inmiscuirse en los asuntos de relevancia.

Por el nivel de control que aún ejerce Salgado Macedonio, la coordinadora de la transformación en esa entidad, Beatriz Mojica, tomó la decisión de retratarse con el senador para dejar claro que, de ganar la gubernatura, tampoco llegarán todas, que el realismo político es más apremiante que las convicciones, o que estas se pueden cambiar en función de cómo soplen los vientos en cada temporada.

Mojica lo sabe, porque desde el PRD fue critica, puntual e inteligente, del movimiento que ahora encabeza.

Pronto sabremos cuánto le costó, en términos de candidaturas y posiciones, la pacificación del senador Salgado Macedonio, la cual, conociendo cómo hace política, debe ser más endeble que la unidad que proclaman.

Lo que sí es una lástima, es constatar como las mudanzas políticas significan despojarse de hechos puntuales de la propia trayectoria.

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