Quizá no con la contundencia de Morena, pero el PAN está ya perfilado candidaturas.
Lo hace en los filos de la propia legalidad, y amparados –también- en las resoluciones del TEPJF que lo permiten, aunque los límites nunca son claros: ¿Cuándo se trata de acomodos y construcción de liderazgos y cuándo es ya de candidaturas?
Pero haría mal el principal partido de oposición en quedarse petrificado, porque los electores no van a recompensar –o al menos no en niveles significativos- el apego estricto a la legalidad y menos aun cuando hay forma de esquivarla.
Por lo pronto, con los Defensores de la Patria ya puso en el tablero a Francisco Pelayo, en Baja California Sur; a Marco Bonilla, en Chihuahua; a Miriam Martínez Sánchez, en Tlaxcala, y a Antonio Astiazarán, en Sonora.
Están trabajando, de igual forma, para que en Baja California la postulación recaiga en Verónica Ruffo.
Lo que sí es un riesgo es que en la medida en que avancen estos movimientos se reducen las posibilidades de una alianza con el PRI y hay lugares en que es vital que ocurra, si quieren derrotar a Morena; en otras entidades, en cambio, la disyuntiva es la de competir con decoro y jalar votos para las diputaciones federales.
El PRI puede fungir como una suerte de partido bisagra o “kingmaker”, lo que sería absurdo no tomar en cuenta desde la dirigencia panista.
Es el momento de escuchar lo que están señalando desde lo local los propios cuadros del PAN y ni qué decir de los del PRI, ya que son los que miden, en terreno, cómo están las cosas.
En Nuevo León todo indica que sí habrá acuerdo y la candidatura común será la de Adrián de la Garza, el alcalde de Monterrey.
Tiene sentido, aunque tendrán que enfrentar también a Movimiento Ciudadano.
En Guerrero, por ejemplo, se está construyendo un proyecto entorno a la figura del senador Manuel Añorve, que podría dar la pelea, ya de suyo complicada, con el acompañamiento de los panistas.
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