Madrid.- Te llamabas Claudia Tacoronte. Tenías 21 años. Viajaste con ilusión de España al estado de Morelos, en México, por medio de un intercambio académico entre universidades de ambos países. En la ciudad de Cuautla fuiste apuñalada en repetidas ocasiones. Tu homicidio se produjo (al parecer, aunque todavía no está probado) por el robo de un maldito teléfono. No sería raro, porque en nuestro país un teléfono puede costarle la vida a cualquiera.
Y sí, querida Claudia, quiero que sepas que millones de personas en México (nacionales y extranjeros, como tú) corren peligro de muerte diariamente -en absoluto estado de indefensión- por culpa de autoridades omisas (federales, estatales o municipales, da igual) frente a los delincuentes y, muchas veces, cómplices de los mismos. Perdónanos Claudia, porque como sociedad hemos tolerado y normalizado indebidamente una incompetencia gubernamental total frente a toda clase de delitos, incluida una cantidad brutal de feminicidios cada año.
Tu asesino (según las autoridades, un individuo de nombre Francisco Javier Meléndez, alias El Trompas) te apuñaló con un arma blanca. Esa fue la primera lesión. La segunda lesión fue letal y no fue otra cosa que la negligencia en los servicios de emergencia que tardaron en llegar poco más de 30 minutos. Lo suficiente para que perdieras la vida. Este desastre nacional es el resultado de una ciudadanía clientelar que le ha permitido todo a un gobierno corrupto y mediocre, y la mediocridad también cobra vidas humanas. Por lo mismo, perdónanos Claudia, perdónanos.
Quiero expresarte a ti, Claudia, así como a tu familia y amigos mi absoluta vergüenza por la actitud de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien en su ya tradicional indolencia humana que le caracteriza, no fue capaz de emitir un mensaje de solidaridad por tu muerte y con el dolor de tu familia. Sheinbaum se limitó a afirmar la colaboración de la fiscalía federal para el esclarecimiento de tu asesinato. Para colmo del cinismo, Sheinbaum (durante la ceremonia del Grito de Independencia) levantó su voz para vitorear “¡Viva la justicia!“ cuando la impunidad criminal en México ronda ya el escandaloso porcentaje de 90%. Habrá que preguntarle a la presidenta de México a qué clase de “justicia” se refiere en su absurda arenga populista.
No debiste morir, Claudia, al igual que miles y miles de asesinados en México. A muchos mexicanos nos duele tu muerte y el profundo dolor de tu familia. Esta noche, levantaré mi vista al cielo y oraré por el eterno descanso de tu alma. Por favor, Claudia, perdónanos…
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