La pregunta hecha por Lara Tacoronte, hermana de Claudia, estudiante española de 21 años asesinada en Cuautla, es un golpe a la conciencia de la sociedad mexicana: “¿La gente que estáis viviendo allí, que estudiéis en ese sitio, por qué nadie hace nada?”
Resulta que “ese sitio” es México, es Morelos, es Cuautla,
Previo al crimen de Claudia, que vino a México a estudiar en un intercambio entre la Universidad de Morelos y la de Granada, habían sido asesinadas otras tres jóvenes ahí mismo.
Sus casos no tuvieron la relevancia mediática y social que el de Claudia, porque Michelle, Joselin y Karol eran mexicanas y en “ese sitio”, es decir en México, se ha normalizado el horror.
Culpar sólo a Morena sería un simplismo, porque si autoridades y crimen organizado se han fundido en una sola cosa en buena parte del país ha sido gracias a la tolerancia de la sociedad.
Delante de nuestra vista se entablan pactos criminales entre autoridades y cárteles y la respuesta de la sociedad ha sido la resignación.
O la esperanza de que un solo funcionario lo resuelva todo, sin importar que ningún superpolicía nos sacará del pantano mientras esté atado de manos para romper con la simbiosis entre el partido gobernante y los distintos grupos criminales que mandan en vastas regiones del territorio.
Morelos no era una maravilla de seguridad, pero quedó destrozado desde que Morena hizo gobernador a Cuauhtémoc Blanco.
¿Fue solo Morena, que lo apoyó y ahora evita que rinda cuentas del infierno en que dejó al estado? No. También está la gente que votó por él y los que se han quedado en sus casas sin protestar mientras las autoridades dan garantías de impunidad para extorsionar, asaltar y matar.
Lo mismo sucede en el país. La sociedad se ha dejado arrebatar, sin mover un dedo, aquello que nos defendía como ciudadanos: la Constitución, el derecho de amparo y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Con mansedumbre, la sociedad permitió que una secta de ambiciosos e ignorantes se apropiara de nuestras instituciones comunes para perpetuarse en el poder.
La pregunta de la hermana de Claudia es un latigazo: “¿Por qué nadie hace nada?”
Tres mil 500 asesinatos después de la ruptura de la pax narca en Sinaloa, la gente sale a la calle a protestar.
Qué bien. Son los primeros. Aunque la tardanza en reaccionar ha permitido un proyecto de reconfiguración del pacto criminal en ese estado, por regiones.
Ese proyecto estará en la boleta de los sinaloenses en las elecciones del próximo año.
Lo tendremos también en otros estados y en la elección de diputados federales.
Si resulta incómodo o peligroso protestar en la calle, ahí estarán las casillas en los 300 distritos electorales para dar respuesta a la dramática pregunta de Lara Tacoronte, hermana de Claudia, asesinada en Morelos este sábado 12 de septiembre.
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