Si lo que se quiere es el bien de México es indispensable que analistas, medios de comunicación, empresarios y legisladores -los hay sensatos en la izquierda, el centro y la derecha-, paren de aplaudir la locura del gobierno.
Hay que estar completamente loco para inyectarle a Pemex 130 mil millones de dólares en el septenio morenista, para que pierda dinero.
Ese no es un asunto ideológico a debatirse en el Congreso, sino que es para tratarse en un hospital o en el diván de un psiquiatra.
¿Quién en sus cabales metería 130 mil millones de dólares -en el caso de que los tuviera- a una empresa para seguir perdiendo dinero?
Se necesitaría estar loco para hacerlo.
En el siguiente año, según se observa en los análisis del presupuesto 2027, el gobierno le va a inyectar otros 85 mil millones de pesos a Pemex.
¿Qué nos pasa?
Tal parece que estamos ciegos cuando se pondera el presupuesto 2027 como “realista” y otros lugares comunes, sin que se corrija esa locura y a Pemex se le destinan 85 mil millones de pesos más.
En palabras del Rey Lear (ya está otra vez en el teatro Helénico en la Ciudad de México, y suplico que la vean): “Calamidad de los tiempos cuando los locos guían a los ciegos”.
Una empresa se constituye para ganar dinero, y más aún si es una empresa pública, como es el caso de Pemex.
No produce alimentos, ni potabiliza agua para llevarla a los hogares, no construye infraestructura, ni hospitales para mejorar el sistema de salud, ni escuelas que den alimentos a los niños y ofrezcan enseñanza de calidad. Ahí no sería gasto, sino inversión.
Sin embargo Pemex no produce nada de lo anterior, que es estratégico.
Pemex produce petróleo y derivados, actividad en que las grandes compañías del mundo han hecho su agosto con el alza de los precios de los combustibles.
La nuestra, Pemex, pierde a raudales, se roban más de cien mil barriles al día y nuestros gobernantes le inyectan dos billones 340 mil millones de pesos (a 18 pesos el dólar) en siete años.
Estamos ciegos y nos guían unos locos.
Y no, no es que sean “comunistas”, porque en China o en Vietnam jamás harían tal cosa.
En México la reforma energética daba a los privados la facultad de sacar petróleo y pagar una gratificación al Estado mexicano cercana a los 80 centavos por cada dólar de petróleo.
Había fila de inversionistas con alrededor de 200 mil millones de dólares para invertir, y al ganar la elección López Obrador frenó la reforma.
Y en lugar de que México gane dinero con el petróleo, se optó por inyectar dinero y perdonar impuestos a Pemex. 130 mil millones de dólares.
Eso no lo hace nadie en sus cabales.
Pemex le debe a proveedores 21 mil 400 millones de dólares al cierre del primer semestre.
La baja en la deuda financiera de Pemex ( 77 mil 500 millones de dólares) se debe a que el gobierno le ha dado dinero (de los impuestos) o que se han asumido sus compromisos como deuda soberana. México va a pagar.
Por eso, entre otras locuras que amablemente llamamos “ocurrencias” de AMLO, el pago de intereses por nuestra deuda se ha disparado.
En 2018 México pagó, por intereses y comisiones de su deuda, la cantidad de 647 mil 479 millones de pesos.
Ahora deberemos pagar un billón 574 mil millones de pesos, sólo de intereses y comisiones.
¿El país crece más que en 2018? ¿Se genera más riqueza? ¿Tenemos una gran infraestructura hospitalaria? ¿Los tecnológicos sacan a borbotones especialistas en ciencias modernas? ¿Creamos un sistema judicial que dé certeza a los ciudadanos y a las inversiones?
Nada, nada de lo anterior se ha conseguido y ni siquiera se ha intentado.
Lo que hay es locura en nuestros gobernantes y ceguera en el resto de nosotros.
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