El acuerdo abarca 17 campos con 65 mil millones de barriles, 21% de las reservas de Venezuela, y tendrá una vigencia inicial de 25 años
El acuerdo abarca 17 campos con 65 mil millones de barriles, 21% de las reservas de Venezuela, y tendrá una vigencia inicial de 25 años

Durante años, Estados Unidos presentó su presión sobre Venezuela como una batalla por la democracia, los derechos humanos y la celebración de elecciones libres. Pero el nuevo entendimiento petrolero entre Washington y Caracas permite una lectura bastante menos idealista: detrás de la preocupación estadounidense por la democracia venezolana estaban también —y de manera decisiva— las mayores reservas de petróleo del planeta.
El tamaño del premio ayuda a entenderlo. Venezuela posee alrededor de 303 mil millones de barriles de reservas probadas de crudo, más que Arabia Saudita. El acuerdo anunciado el viernes contempla inicialmente 17 campos que concentran unos 65 mil millones de barriles, aproximadamente 21 por ciento de todas las reservas venezolanas. Su vigencia inicial sería de 25 años.
El petróleo está ahí, pero Venezuela no tiene los recursos suficientes para extraerlo en gran escala. Después de años de desinversión, deterioro de instalaciones, mala administración y sanciones estadounidenses, produce apenas alrededor de 1.25 millones de barriles diarios, una fracción de su potencial. El nuevo esquema pretende llevar la producción vinculada al proyecto por encima de 1.5 millones diarios y posteriormente incorporar otros bloques.
Para hacerlo harán falta más de 100 mil millones de dólares en inversiones: pozos, oleoductos, equipos, recuperación de instalaciones, tecnología y servicios especializados. Ahí está una parte fundamental del intercambio. Venezuela pone las reservas; empresas estadounidenses y otros inversionistas aportarán capital, tecnología y capacidad operativa, mientras Washington abre nuevamente el acceso al mercado norteamericano y flexibiliza las sanciones que estrangularon durante años al sector.
Pero Estados Unidos no hará beneficencia. Según los términos divulgados hasta ahora, tendría una participación efectiva de 55 por ciento en la producción de la nueva estructura, mediante una combinación de participación y derechos sobre el crudo. Parte del petróleo podrá alimentar las refinerías estadounidenses y otra parte contribuir a reconstruir la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos, reducida a cerca de 290 millones de barriles.
Hay otra ventaja: el crudo venezolano, pesado y extrapesado, es precisamente el tipo de petróleo que numerosas refinerías de la costa estadounidense del Golfo fueron diseñadas para procesar. Venezuela ya envía más de 500 mil barriles diarios a Estados Unidos y recibe a cambio diluyentes indispensables para transportar y procesar parte de su producción.
Caracas, por su parte, obtiene oxígeno. Capital, tecnología, compradores seguros, acceso al sistema comercial estadounidense y el relajamiento de las restricciones que dificultaban la reconstrucción de PDVSA. El gobierno venezolano calcula que el proyecto podría dejar unos 209 mil millones de dólares al Estado durante su desarrollo, aunque esa cifra depende de precios, inversiones y niveles de producción que todavía tendrán que materializarse.
La operación muestra dónde están ahora las prioridades de Washington. El gobierno venezolano no se convirtió repentinamente en una democracia liberal ni desaparecieron de un día para otro los cuestionamientos sobre elecciones, presos políticos, instituciones o libertades públicas. Lo que cambió fue la relación entre el petróleo venezolano y los intereses estratégicos de Estados Unidos.
La democracia fue durante años la bandera pública de Washington frente a Caracas. El nuevo arreglo permite sostener que no era, al menos, el único interés ni necesariamente el determinante. Cuando apareció la oportunidad de asegurar durante décadas acceso privilegiado a una parte gigantesca de las reservas venezolanas, la defensa de la democracia dejó de ocupar el centro de la relación.
La cifra que resume todo son esos 65 mil millones de barriles. Venezuela entrega acceso privilegiado a aproximadamente una quinta parte de las mayores reservas petroleras del mundo. A cambio recibe inversiones, tecnología, mercado, levantamiento de restricciones e ingresos para reconstruir su principal industria.
Quizá por eso el acuerdo tiene una virtud involuntaria: despeja buena parte de la retórica. Estados Unidos podrá seguir hablando de democracia venezolana. Pero después de un convenio de esta magnitud será bastante más difícil sostener que ésa era la verdadera razón de su enorme interés por Venezuela.
Debajo de la democracia estaba el petróleo. Y son 303 mil millones de barriles.
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