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Dos años defendiendo a Rocha Moya

La presidenta Sheinbaum defendió a Rocha Moya durante más de dos años y es la funcionaria pública con más poder en nuestro país, por lo tanto, es la máxima responsable de las acciones erráticas que vimos este fin de semana. Como jefa del Ejecutivo federal y comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, es quien más influye en todas las instancias públicas y en la agenda de comunicación del país. La innegable influencia de López Obrador no la exime de su gravísima responsabilidad.

Quienes piensan que esa defensa empezó hace unos meses se equivocan. Comenzó el 10 de agosto de 2024, en un acto en Culiacán, apenas semanas después del asesinato del rector de la UAS, Héctor Melesio Cuén, y del secuestro de Ismael El Mayo Zambada, entregado por la fuerza a Estados Unidos. Zambada señaló en una carta que Rocha Moya estuvo entre los convocados a la reunión donde ambos hechos ocurrieron. Ese mismo día, AMLO y Sheinbaum, entonces presidenta electa, le mostraron su respaldo público. Desde entonces, investigaciones federales aún en curso buscan esclarecer si hubo un montaje de la fiscalía estatal para desviar la responsabilidad sobre el crimen.

A pesar de que el priismo de Sinaloa denunció que la elección de 2021 estuvo manchada por intervención del crimen organizado, y de que varios de sus operadores fueron detenidos la noche previa a la votación, el régimen cerró filas alrededor de Rocha Moya sin fisuras.

El 29 de abril de 2026 llegó la solicitud de detención con fines de extradición de Estados Unidos, después de que una corte del sur de Nueva York reuniera elementos para acusarlo de haber ganado la gubernatura con ayuda del Cártel de Sinaloa, y de construir una red para traficar fentanilo hacia territorio estadounidense. Con él fueron señalados nueve funcionarios más.

La presidenta volvió a salir en su defensa, ahora ya en funciones. Convocó a un evento en el Monumento a la Revolución donde advirtió, "hay que tenerlo claro, vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas de justicia de Estados Unidos se vuelven el principal elector de México, eso no lo podemos permitir". En su mañanera llegó a declarar que la elección de 2021 "se validó", que el tribunal dictó ganador a Rocha y que ninguna prueba presentada por Estados Unidos alcanzaba para revertir lo ya resuelto por la ley mexicana.

A esa defensa se sumó la movilización de las bases morenistas, con asambleas informativas en plazas de todo el país, para repartir propaganda y comunicar que el régimen defendería la soberanía nacional antes que entregar a sus políticos al vecino del norte. Después vinieron desplegados, comunicados y declaraciones de diputados, senadores, gobernadores y funcionarios de partido, todos repitiendo que no había pruebas y que se trataba de injerencia de "fuerzas de ultraderecha norteamericana". La bancada de Morena en San Lázaro incluso gritó su clásico "¡no estás solo!", el mismo lema que antes usaron para AMLO.

El viernes pasado, Rocha regresó al cargo, provocando el enojo de los propios morenistas, el regaño de Gobernación y el extrañamiento de quienes lo habían arropado con ese mismo grito. Quien le dio todo su respaldo, protección y solidaridad, quien instaló la narrativa tóxica de vestir de soberanía nacional la defensa de un señalado, fue la misma que salió después a decir que "nada personal puede estar por encima de los intereses del pueblo".

Más allá de las especulaciones sobre por qué regresó y luego volvió a pedir licencia, o quién mueve los hilos detrás de él, algo es innegable: Rocha hoy es un lastre, Sheinbaum quiere deshacer de él, pero eso será imposible, están unidos por los mismos pecados originales.

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