Luego de un primer semestre relativamente débil, con un crecimiento acumulado de apenas 1.2%, algunos indicadores recientes sugieren que la economía mexicana podría tener un mejor desempeño durante la segunda mitad del año. La pregunta es si estamos ante el inicio de una recuperación más sólida o simplemente frente a un rebote modesto después de un largo periodo de estancamiento.
Existen algunas señales alentadoras. Destaca, en primer lugar, el notable dinamismo de las exportaciones, particularmente de productos vinculados al auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos. También comienza a observarse una mejoría, gradual pero visible, en la construcción. Los salarios mantienen un crecimiento consistente tanto en el sector formal como en el informal, mientras aparecen señales de avance en proyectos mixtos de generación eléctrica.
La inversión fija bruta también podría estar dando señales de inflexión, después de casi dos años de variaciones negativas. La recuperación parece abarcar tanto al sector privado como al público, aunque todavía es demasiado pronto para hablar de una tendencia consolidada.
El panorama, sin embargo, dista de ser uniforme. El empleo formal apenas crece; la recaudación por ISR cayó 6.2% durante el primer semestre y los ingresos presupuestarios permanecen estancados. El sector manufacturero continúa mostrando debilidad, mientras que la confianza empresarial y del consumidor no ofrecen todavía señales claras de recuperación. Los indicadores más recientes de consumo —desde las ventas de ANTAD hasta los reportes trimestrales de las empresas y el indicador adelantado de INEGI— apuntan a un consumidor cauteloso.
En suma, la economía mexicana parece tener mejores perspectivas para lo que resta del año, pero la magnitud de la recuperación sigue siendo incierta y persisten restricciones coyunturales y estructurales que limitan el crecimiento.
¿Qué puede hacer el gobierno para lograr una recuperación más vigorosa y sostenible? La respuesta pasa, sobre todo, por terminar de recuperar la confianza. El gobierno ha dado algunos pasos en esa dirección, pero todavía son insuficientes.
Acelerar las definiciones en materia energética es fundamental, así como enfrentar con mayor seriedad los problemas de Pemex. Los contratos mixtos, al menos en hidrocarburos, no resolverán los problemas de la petrolera. También será necesario preservar el gasto en inversión pública sin perder el equilibrio fiscal, pagar a los proveedores a tiempo, reducir la incertidumbre política en la relación bilateral con Estados Unidos luego de los múltiples señalamientos en contra de políticos del partido en el poder y evitar sorpresas legislativas durante el próximo periodo de sesiones.
Finalmente, México necesita destrabar el crédito de la banca de desarrollo y mantener la seguridad como una prioridad. En el margen, la economía parece mejorar. Ahora “solo” falta convertirla en una recuperación duradera.
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