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La miserable soledad de las taras identitarias

Avengers. Como vengadora de nuestros pueblos originarios, al quitarle el nombre de Paso de Cortés al tramo que siguió el conquistador entre el 'Popo' y el 'Izta', la presidenta recuerda a Miguel León Portilla y su reproche por exaltar al indio muerto y manipular al indio vivo. Un nativismo de carpa que usa a los pueblos originarios como forzado signo de identidad en una nación multirracial.

Chovinismos. “Qué manera tan solitaria de ver el mundo”. Así compadece un personaje clave de la más reciente película de Spielberg, El día de la revelación, a un jefe de la inteligencia estadounidense encargado de mantener ocultos vestigios de extraños en nuestro planeta. El móvil de la censura estadounidense es no perturbar a las audiencias de su país y del orbe con la revelación de rastros de extraterrestres entre ‘nosotros’. Una alegoría de los chovinismos, expresados en esta suerte de fanatismo excluyente de nuestra pertenencia al globo terráqueo.

Misión imposible. La nueva fantasía alienígena de Spielberg se vive en México como costumbre en la ficción de una nación indígena. Al mando, además, de una presidenta de cercanísimo origen europeo, pero empeñada en maldecir, excluir y encabezar la misión imposible de borrar hasta la última huella de la Conquista y la Colonia española. Misión imposible porque ¿cómo borrar 500 años y su huella en cerca de 60 por ciento de población mexicana clasificada como mestiza, mayoritariamente europea (predominantemente española) e indígena?

Ventaja evolutiva. León Portilla lo ridiculizaba: es como si los españoles quisieran borrar de su cultura y su composición étnica las huellas de siglos de dominación árabe. Qué manera tan solitaria, arcaica, del ver el mundo, a través de taras identitarias que, dice el personaje de Spielberg, nos privan de la empatía como “la máxima ventaja evolutiva”. “Rechazarla -advierte- nos lleva a la extinción”.

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