Las tensiones entre México y Estados Unidos no van a terminar bien. Los más optimistas piensan que las elecciones norteamericanas en noviembre cambiarán la correlación de fuerzas en ese país. Pero aún faltan cuatro meses para los comicios, Trump no puede presumir una victoria en Irán, lo que abre la posibilidad de un golpe a los cárteles mexicanos operando en nuestro territorio o la extracción de un político prominente de Morena.
La estrategia de Sheinbaum ha consistido en elevar el tono de su discurso. Palabras para la galería. Ahora que la selección de futbol hinchó el ego nacional, Sheinbaum aprovecha el impulso para amplificar el antinorteamericanismo latente. Pero se trata sólo de discursos, retórica huera.
Los juicios contra los narcos seguirán su marcha y sus declaraciones en los tribunales provocarán sismos. Las solicitudes de extradición contra políticos de Morena asociados con el narco se multiplicarán. Las presiones sobre los bancos mexicanos (incluyendo el Banco del Bienestar) se harán más intensas. La respuesta mexicana es lógica: resistir contra viento y marea, porque la extradición de alguno de los suyos puede conducirlos a políticos de primer nivel, a los hijos de López Obrador y, en último término, al expresidente.
Podría pensarse que resistir la presión es el único camino que le queda a México. No es así. Podríamos negociar operaciones conjuntas México-norteamericanas en suelo mexicano. Esto conlleva riesgos, como el de que los narcos se defiendan haciendo revelaciones. López Obrador visitó seis veces Badiraguato. No fue de vacaciones. No lo cuidaba en esas ocasiones el Ejército sino las fuerzas de seguridad de los cárteles. No es inverosímil que alguien haya grabado esas reuniones. Un general (Sergio Aponte Polito, El Universal, 26.Jun.20) luego de que López Obrador liberara a Ovidio Guzmán, reveló que los narcos amenazaron con divulgar las reuniones donde uno de sus hijos aparecía recibiendo dinero para las campañas de su padre.
Lo que no va a ocurrir es que las tensiones desaparezcan. Ni siquiera con un Congreso con mayoría demócrata. Prominentes políticos demócratas se han pronunciado a favor de castigar la asociación de políticos mexicanos con el narcotráfico. No hay políticos demócratas que hayan asumido la defensa de México. La diplomacia mexicana en Estados Unidos está por los suelos. La inutilidad de la dupla De la Fuente-Moctezuma nos está pasando la factura.
Desde el año pasado Estados Unidos ha amenazado a México con el lanzamiento de misiles. El 29 de abril arrojó el primero en Sinaloa, bajo la forma de una solicitud de extradición del gobernador Rocha Moya. El segundo lo arrojó hace unos días al negarse a refrendar el T-MEC, lo que paralizará las inversiones hacia nuestro país. Misiles judiciales y comerciales. A no dudarlo, vendrán más. Sheinbaum intentará eludir el daño electoral con la recién aprobada ley que puede anular elecciones si existe una intervención extranjera. Ya señaló la presidenta que los embates judiciales de Estados Unidos contra los narcopolíticos tienen una finalidad electoral. Podría anular elecciones a un costo altísimo, por la reacción interna de los votantes burlados y por el desprestigio internacional.
Que Estados Unidos pretende influir electoralmente en México, luego de lo que hemos visto en Argentina, Ecuador y Venezuela, sería ingenuo negarlo. Estados Unidos no envió de embajador a un exagente de la CIA para jugar al tonto útil como ocurrió con Ken Salazar. El gobierno de México es incómodo a Estados Unidos, no por su sesgo ideológico, sino por razones de seguridad nacional, por ser México refugio de cárteles que los agreden.
Sin duda, no van a terminar bien las tensiones entre México y Estados Unidos.
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