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La oposición estéril

Una ola democrática está avanzando en Latinoamérica. Cansados de la mediocridad de los gobiernos populistas, las sociedades de Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Argentina y Chile le han dado la espalda a las promesas incumplidas de los gobiernos de izquierda. En octubre se celebrarán elecciones en Brasil: el hijo de Bolsonaro se encuentra debajo, pero ya muy próximo a Lula que, en la reunión del G7, sorprendió a todos diciendo que él “nunca había sido de izquierda”. En Centroamérica, partidos liberales gobiernan en Panamá, Honduras y El Salvador. Cuba acaba de aprobar 176 reformas para introducir sin violencia el capitalismo, intentando con estas medidas evitar el naufragio. No es seguro que la dictadura cubana pueda resistir esta apertura. El continente entero está girando a la derecha. El próximo en la lista es México. Y sin embargo…

Parece increíble que la oposición en México no haya aprovechado electoralmente los gigantescos errores del populismo en el poder. En cualquier lugar del mundo los desastres que la cuatroté ha provocado en la salud (800 mil muertos por Covid), la seguridad (220 mil homicidios y más de 130 mil desaparecidos), la economía (nulo crecimiento en siete años) y la educación (último lugar en la OCDE), hubieran significado su caída. En México, no. Sirva de ejemplo Sinaloa. Más de un año en un virtual estado de guerra. Homicidios cotidianos, desplome de la economía, pero las encuestas señalan que si hoy fueran las elecciones las ganaría Morena. Nuestro principal socio comercial cada semana repite que México está controlado por el narcotráfico, a pesar de ello la presidenta goza de aceptación. ¿Resultado del reparto de dinero a través de los programas sociales a 37 millones de mexicanos? ¿Uso intensivo de la propaganda? ¿Síndrome de Estocolmo? Estos errores podrían haber sido capitalizados por la oposición, pero esto no ha ocurrido. La oposición no organiza el descontento social. No convoca a manifestaciones. Es incapaz de generar alianzas electorales en las cámaras legislativas. La oposición, ante la mediocridad manifiesta del gobierno, tendría la mesa puesta para crecer electoralmente. Y sin embargo…

La oposición no crece. MC se ha comportado en las cámaras como palero de Morena. Al PRI no lo salva su reciente victoria en Coahuila. Un inmenso sector de la población afirma que no votaría nunca por el PRI (me incluyo). Este 25 de junio se definía si Somos México obtenía su registro. Hasta ahora sólo representa una promesa. El PAN es un completo desastre. Asumió Jorge Romero la dirigencia del partido en 2024: lo peor que le pudo pasar al PAN. La “refundación” fue un fracaso. No tiene voz, ni mensaje, ni peso. Lilly Téllez es estruendosa en la cámara, pero completamente estéril en términos legislativos. Anaya es inteligente, aunque extrañamente vinculado a Adán Augusto López. Ninguna iniciativa interesante ha salido del PAN en los pasados siete años. Si no quiere perpetuarse como oposición inútil, debería de renovar sin dilaciones su dirigencia. 

México sufre la peor de las maldiciones: una oposición débil cuando el país atraviesa una severa crisis. La oposición no ha estado a la altura del reto que enfrenta.  

¿La ola democrática liberal alcanzará a México? Morena controla el INE y el Tribunal Electoral. Ejerce un oneroso presupuesto en propaganda. Cuenta con 27 mil servidores de la nación que en realidad son agentes electorales de Morena. Reparte miles de millones de pesos en programas sociales. Ante este panorama el esfuerzo de la oposición debería ser extraordinario. Pero carecen de liderazgo alguno. Vivimos tiempos nublados y no parece que por ningún lado vaya a despuntar una luz de cambio. 

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