Terminé de leer el nuevo libro de Javier Cercas, El periódico de la democracia. Se trata de una reflexión breve sobre la historia del diario El País, su vínculo directo con la transición española y la relación personalísima de Cercas con el rotativo, primero como lector y después como colaborador. Es un poco fastidiosa la obsesión de Cercas por ser el protagonista de todo lo que escribe. El libro del escritor español está lejos de alcanzar la estatura y profundidad de la obra que Gay Talese, otro gran escritor y periodista, dedicó al New York Times. No obstante, se trata de un texto disfrutable, bien escrito, como todas las obras de Cercas.
Al recorrer las páginas de El periódico de la democracia experimentamos un dejo de nostalgia por el papel protagónico que tuvieron los diarios en la vida pública del siglo pasado. No necesita decirlo Cercas, El País fue el periódico que contribuyó decisivamente a la democratización española, así como a su integración con Europa. Sus páginas de opinión verdaderamente formaban la opinión pública y miles de lectores de habla hispana recorrían el diario buscando su ventana al mundo, pero también una interpretación progresista de éste. En sus mejores momentos, ahí estaban Javier Pradera, Fernando Savater, Francisco Umbral, Juan Luis Cebrián. Hoy, por más que diga Cercas, el diario está muy lejos de representar lo que fue. No obstante, ello responde a los cambios internos del mismo periódico, pero también a la modificación estructural del panorama informativo internacional. Ya no son los periodistas, sino los influencers quienes moldean la opinión. El primer impacto informativo ya no lo recibe la gente de un encabezado bien redactado, sino de un tuit. La velocidad y superficialidad de las redes sociales hace muy difícil para el periodismo serio competir por la atención del público. De esto, poco o nada dice Cercas.
Cercas dedica buena parte del texto a defender el periódico del señalamiento evidente y ciertísimo de que El País ha sido siempre un periódico favorable al PSOE. Incluso dice que El País ha resistido exitosamente los intentos de control por parte de los gobiernos socialistas. Una cosa patética esta pretensión de neutralidad propia de los países latinos. En el mundo de habla inglesa, la prensa manifiesta explícitamente sus preferencias ideológicas y partidistas. En el mundo de habla hispana fingimos que no.
En todo caso, la omisión más seria de Cercas es la no discusión de los despidos en el periódico los últimos años. Señaladamente, el escandaloso caso de Fernando Savater. Atreverse a criticar con dureza la actuación del gobierno socialista de Sánchez le costó a Savater la cabeza en El País, un diario del cual fue fundador. No ha habido ni habrá una explicación satisfactoria para ello, salvo quizá el afán de quedar bien con Pedro Sánchez. En otras palabras, la sumisión al poder. En la edición internacional o mexicana del periódico sucede otro tanto. Se integraron plumas carentes de calidad y profundidad, pero eso sí, incondicionales del obradorismo. En décadas anteriores, Savater sobrevivió como colaborador de El País cuando los terroristas vascos de ETA amenazaban con matarlo. La nueva dirección del periódico, en cambio, tuvo miedo de molestar a Sánchez y optó por despedir a Savater. Ese es el cambio más delicado que nos alejó a muchos lectores de las páginas del periódico referente en la lengua española. No sé si los periódicos y el periodismo en general sobrevivirán a los cambios tecnológicos y a la inteligencia artificial. Lo que sí pienso es que, en caso de desaparecer, harían bien en irse con la cabeza en alto, protegiendo a los colaboradores que se atreven a disentir de las directrices oficialistas.
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