En octubre de 1989 fue nombrado delegado en Álvaro Obregón. Las barrancas del poniente de la ciudad habían sido invadidas por miles de familias que vivían sin servicios, entre descargas de drenaje y basura que venían de las partes altas, la mayoría habitaban viviendas precarias y hasta en cuevas hechas en las laderas.
Ciento veintiún colonias.
Muchas de ellas, sin calles, encimadas las casas, sin trazo urbano, en zonas de importancia ecológica. Vecinos en conflicto permanente porque disputaban entre sí los metros de terreno para que lo ocupara un familiar o porque las defecaciones ajenas aparecían en su vida cotidiana.
Era la deuda histórica de la sociedad de la capital de la República con los trabajadores que la habían construido y daban soporte a su funcionamiento. Albañiles, meseros, cajeros, vendedores.
El presupuesto: mínimo. Estimo que para construir un 5 por ciento de lo que se necesitaba.
La inercia política: hacer poquitas obras y ocuparse de las colonias con mayor peso político: San Angel, Santa Fe, Chimalistac, donde vivían líderes de opinión y empresarios poderosos.
Óscar Levin fue representante de la Facultad de Economía ante el Consejo Nacional de Huelga en el movimiento del 68, después fue parte del grupo maoísta que publicaba el periódico: La Causa del Pueblo.
Su primera decisión: la prioridad es construir los servicios básicos para la gente. La equidad verdadera, el piso social básico igualador, como procura la izquierda verdadera. Nunca regalar despensas, ni dinero y las colonias ricas van a segundo término. Nada de programas universales donde a ricos y pobres les toca igual. Prioridad real con soluciones de fondo.
Segunda decisión: organizar a la comunidad para que juntos construyamos los drenajes, los sistemas de agua potable, las pavimentaciones, las escalinatas. Ninguna obra contratada con empresas. El gobierno de Levin ponía el material y la gente la mano de obra. La epopeya solo podía ser resultado de un esfuerzo de masas, una política popular, de izquierda verdadera.
La asamblea se constituyó en la autoridad máxima de la colonia. El material lo administraba la gente mediante la comisión de materiales y también funcionaba la comisión de asesoría técnica. Se habilitaron unos 50 funcionarios llamados “concertadores” para representar al gobierno en cada asamblea semanal.
Cualquiera puede ir a ver los resultados: se ordenaron los asentamientos, se hicieron las obras y se construyó un agente de cambio, se construyó una comunidad organizada.
Óscar Levin demostró que se puede gobernar con políticas de verdadera izquierda.
Recomendar Nota
