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Guadalajara: la ciudad donde el agua devalúa las casas

Guadalajara, Jal.- Durante años, la frase favorita de tu amigo el desarrollador inmobiliario fue “compra hoy, porque mañana valdrá más”. Hoy, la gente sabe que mañana nadie querrá vivir ahí. En Guadalajara, el mercado está nervioso y la razón es tan simple como turbia: la crisis del agua que el SIAPA dice que es potable, pero huele a azufre y sabe a metal.

En las últimas administraciones, Guadalajara se vendió como una ciudad donde el negocio era construir más. Bajo el cobijo de Movimiento Ciudadano se verticalizaron colonias, se flexibilizaron usos de suelo y se apostó por el desarrollo inmobiliario como motor económico. Tanto así que los críticos de ese partido terminaron rebautizándolo como "Movimiento Inmobiliario", y razones no faltan, pues ese patrimonio se convirtió en una de las principales rúbricas del partido naranja.

Tan evidente como cínica, esta situación ahora sí puede atraer la atención de las autoridades, luego de que la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) alzó la voz para exponer que el agua turbia ya los alcanzó a enfermar.

Resulta curioso que sea hoy cuando los amigos del concreto salgan a decir que la calidad del agua espanta las inversiones —o bien, sus inversiones— cuando ellos fueron beneficiarios de un modelo de crecimiento urbano que nunca exigió infraestructura suficiente. Porque quien vive en Guadalajara ha visto brotar edificios como champiñones, y ahora el agua no es sólo un problema de salud, sino una amenaza patrimonial.

Es ahora, una vez que su ingreso está en riesgo, cuando el sector se une a las voces ciudadanas que desde hace mucho exigen un servicio de calidad.

Porque, como todos los habitantes de esta noble y leal ciudad saben de sobra, el agua café no apareció en 2026. Es la consecuencia de décadas de abandonar al SIAPA mientras se autorizaban miles de viviendas nuevas sin garantizar infraestructura suficiente para ellas. Es decir, los municipios multiplicaron las llaves y abandonaron las tuberías.

Por eso es que los desarrolladores, en voz del presidente de AMPI Guadalajara, Jahaziel Omar Castañeda González, dicen que los compradores dudan en concretar operaciones al descubrir que el agua sale turbia. Sería interesante saber qué responden si se les pregunta cuál fue su papel cuando el crecimiento urbano avanzó mucho más rápido que las inversiones hídricas.

Los miembros del sector se dedicaron a vender metros cuadrados sin tomar en cuenta en lo absoluto que para hacer la ciudad habitable debieron tomar en cuenta el agua potable, el drenaje, la movilidad y los espacios públicos. Nada de eso les importó entonces.

Pero ahora que el problema que siempre dejaron en manos de la ciudadanía captó la atención del mercado, los constructores de vivienda salen a medios para reclamar que las personas no quieren vivir en sitios donde el agua con la que se bañan huele mal y causa dermatitis. ¿Alguien quiere pensar en las inversiones y los inmuebles depreciados?

Guadalajara está inundada en un líquido que se asemeja más al petróleo que al agua. Y valdría la pena saber si al gobierno le preocupa más que miles de personas reciban esa sustancia o que las propiedades que él mismo “regó” por la metrópoli comiencen a perder su valor.

Así, al ignorar la crisis, la ciudad de Guadalajara pasó de impulsar la plusvalía a vender incertidumbre, y ahora el agua ha enfermado por igual a las personas y al mercado inmobiliario.

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