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Se contrató la deuda; no se construyó la obra

El Informe de Finanzas Públicas a mayo de 2026 confirma que el gobierno federal lleva ocho años endeudándose para cubrir gasto que se consume, no que construye. Hoy paga más por intereses que por obra pública.

Hay una regla que cualquier familia entiende: pedir prestado para una casa es sensato; pedir prestado para la despensa del mes es el principio de un problema. Y pedir crédito para pagar los intereses es un suicidio. En estos últimos siete años el Estado mexicano cubre el gasto corriente con endeudamiento, y el Informe de Finanzas Públicas a mayo de 2026 lo sigue confirmando.Concentremos la atención en el manejo financiero del gobierno federal en lugar de consolidarlo con organismos y empresas de Estado.

Entre 2018 y 2025, el gobierno federal acumuló un déficit de 9.4 billones de pesos y solo invirtió 3.9 billones en obra física. En los ocho años, sin excepción, pagó más por intereses de su deuda que lo que destinó a inversión: 1.7 pesos de intereses por cada peso invertido. La inversión cayó a 1.2% del PIB en 2025, su mínimo; el déficit trepó a 5.7% en 2024, el año electoral, financiado cuando la tasa de Banxico estaba clavada en 11.25%. Se recurrió al endeudamiento interno más caro en el peor momento; la factura de ese costo financiero perdurará por años.

Cinco tenazas tienen atrapadas las finanzas del gobierno federal. No es un mal año ni una fatalidad externa, es el resultado acumulado de decisiones que redujeron el margen del Estado, encarecieron la deuda, adelgazaron la inversión y convirtieron a Pemex en parte del problema. Estas tenazas pueden abrirse, pero no solas ni con optimismo presupuestario.

La primera tenaza tiene aplacado al crecimiento: tras la cancelación del NAIM, la reversa energética y la incertidumbre causada por la destrucción de un Poder Judicial profesional, la inversión privada perdió aliento y el sexenio 2019-2024 promedió 0.81% de crecimiento anual, el más bajo desde 1982-1988. Una economía que crece 0.8% no recauda como una que crece 3%.

La segunda es endeudarse para gasto corriente, no para infraestructura. El costo financiero ya desplaza a la inversión, la salud y la educación: como las transferencias son un derecho constitucional intocable y los intereses son inaplazables, el ajuste cae siempre sobre lo mismo, la obra y los servicios. De hecho, desde 2015 el servicio de la deuda cuesta más que todo el gasto público en educación, y hacia 2026 rebasará también al de salud: el sobreendeudamiento se paga, ante todo, en lo social. La tercera tenaza es Pemex: de fuente de renta pasó a paciente fiscal. En 2025 el gobierno federal le aportó 411 mil 500 millones de pesos, el mayor apoyo del que se tenga registro según HR Ratings. Su deuda bajó, pero el riesgo cambió de cajón: la deuda externa del gobierno federal saltó 21.5% ese año, justo cuando la de Pemex caía.

La cuarta es el ingreso que no alcanza. Hay que reconocer el esfuerzo tributario, pero apenas tapó el hueco del petróleo: los ingresos petroleros del gobierno federal se derrumbaron de 2.2% a 0.7% del PIB —y los del sector público, de 4.0% a 3.5%—, no por precios sino por volumen: la producción de petróleo crudo —sin condensados— bajó de 1.8 a 1.36 millones de barriles diarios. El resultado: los ingresos totales del gobierno federal crecieron 11% real, mientras el gasto creció 28%. Se recaudó más solo para quedar más atrás de los incrementos en el gasto.

La quinta tenaza es la ficción del superávit primario: el sector público muestra un número positivo, pero lo sostienen Pemex y CFE recortando su propia inversión, mientras el gobierno federal registra déficit primario. No es fortaleza; es vender el mantenimiento del futuro. La Constitución solo permite al gobierno federal usar el endeudamiento para obras que aumenten el ingreso. Se contrató la deuda, no se construyó la obra.

Las tenazas se abren en el orden inverso al habitual: primero certidumbre —reglas estables, respeto a los contratos y una revisión del T-MEC sin improvisación—, luego reactivar la inversión pública y privada, corregir Pemex, ampliar la base de contribuyentes del ISR de personas físicas, que el IVA deje de ser tabú. Solo así se construye un superávit primario verdadero del gobierno federal. Intentar el ajuste fiscal sin restaurar antes el crecimiento es apretar la tuerca por el lado equivocado. Así se cerraron las tenazas; así, y solo así, se abren.

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