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México: se ganan algunos partidos y se pierden otros

Mientras el martes por la noche celebrábamos la victoria rotunda de nuestra selección en el Mundial, al día siguiente recibimos una noticia que nos debería inquietar, tal vez más que el partido de este domingo. Estados Unidos determinó que no se prorrogará automáticamente el T-MEC. Esto no implica que el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá concluya este año o el siguiente, pero sí que entrará en un proceso que no solo será tortuoso, sino previsiblemente problemático para nuestro país.

En efecto, lo que esperábamos del socio comercial era una prórroga automática del acuerdo por 16 años. No obstante, al no existir un consenso trilateral para una extensión directa hasta el año 2042, se ha activado formalmente lo establecido en el Artículo 34.7 del tratado (conocido comúnmente como la cláusula sunset). Esta decisión no implica la conclusión del acuerdo ni la salida de ningún miembro ipso facto, sino el inicio de un proceso de revisión anual obligatoria.

Aunque la vigencia del acuerdo comercial está garantizada hasta el año 2036, pasaremos a un esquema de revisión (negociación) anual. Esto nos hace transitar, en automático, de una condición de cierta predictibilidad a un escenario de negociación continua; un cambio especialmente complejo para empresas que toman decisiones de inversión de capital basadas en horizontes de 10 a 15 años, pues supone un factor de riesgo político permanente.

Podríamos pensar que Estados Unidos utilizará las mesas anuales para exigir concesiones estrictas en sectores clave, como las reglas de origen del acero y el aluminio (para evitar la triangulación de China), restricciones al maíz transgénico, subsidios automotrices y el cumplimiento de la reforma laboral en México, entre otros. Sin embargo, aunque esa sea la cara visible de la negociación, el trasfondo es más complejo.

En un contexto en el que la relación bilateral atraviesa un mal momento por los temas de seguridad nacional para Estados Unidos y de supuesta soberanía nacional para nuestro país, este mecanismo de revisión adquiere una relevancia inusitada. Pone sobre la mesa la posibilidad de que lo que realmente se acuerde sean temas de otra índole, sobre todo dado que Estados Unidos ha sugerido la posibilidad de avanzar en negociaciones paralelas y diferenciadas con Canadá, lo que podría fragmentar la viabilidad del tratado comercial tal como lo conocemos.

Ahora bien, si la condición política entre nuestras dos naciones mejora en cualquier momento dentro de los siguientes 10 años, y siempre que las tres naciones lleguen a un acuerdo conjunto, se podrá prorrogar el T-MEC por un nuevo periodo de 16 años, desactivando el ciclo anual de revisión. El hecho de que EU opte por las revisiones anuales en lugar de activar el artículo 34.6 (salida en 6 meses) demuestra que no busca desmantelar la integración norteamericana de 1.8 billones de dólares, sino forzar una renegociación agresiva desde una posición de fuerza y quizá de otros temas además del comercial.

A partir de estos elementos, esperemos que nuestras autoridades tengan la sensibilidad y el buen tino en este proceso de negociación, tal y como lo ha hecho hasta ahora nuestra selección en el Mundial. Mucho me temo que será más fácil derrotar al combinado inglés el día de mañana, que conseguir un avance sustancial en materia comercial con nuestro vecino y socio estratégico. Si bien a este partido le queda todo el tiempo del mundo, la incertidumbre nos puede salir cara.

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