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La farmacia vacía

Hay dos formas de ejercer el poder. Una construye la farmacia: levanta los muros, diseña la cadena de suministro, impulsa la investigación y crea contrapesos que evitan que alguien vacíe el inventario. Es un trabajo lento, técnico e invisible.

Durante décadas, la política mexicana se concentró en esa tarea. El PRI construyó instituciones como el IMSS, el ISSSTE o el Infonavit, pero también dejó un legado de corrupción, clientelismo y desconfianza que agotó la paciencia ciudadana. El PAN fortaleció la democracia, la transparencia y los organismos autónomos, aunque nunca logró convencer a la mayoría de que esos cambios mejoraban su vida cotidiana. Para millones, la farmacia seguía sintiéndose lejana.

Morena entendió ese malestar. Abrió el mostrador y repartió lo que había: transferencias directas, apoyos visibles y un alivio inmediato. Ese dolor era real y atenderlo también. El problema vino después. Contó la historia como si la medicina naciera de su propia generosidad y convirtió el apoyo social en una herramienta de lealtad política. La lógica dejó de ser reabastecer el estante y pasó a consumir el inventario.

El origen del problema no es simétrico. Morena encontró un Estado desgastado, pero con capacidades institucionales construidas durante décadas, y optó por una solución más rentable electoralmente: repartir el inventario, mientras desmontaba el sistema que lo producía.

Quienes hoy gobiernan construyeron su éxito político sobre una narrativa poderosa: presentar los contrapesos y buena parte de la capacidad institucional del Estado como privilegios de una élite. Así, el desmantelamiento institucional pudo venderse como un acto de justicia social.

Pero la realidad es terca. El riesgo no es ideológico, sino logístico: el día que el estante quede vacío, ningún discurso desde la ventanilla aliviará el dolor de un país desahuciado. El reto no es volver a la vieja farmacia inaccesible, sino demostrar que es posible aliviar el sufrimiento de hoy sin destruir el hospital que permitirá sanar mañana.

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