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Como “El Goyo” Cárdenas, Israel Vallarta quiere aplausos

Las extravagancias en este país han llegado a niveles inauditos. En 1976, el presidente Luis Echeverría indultó a Gregorio Cárdenas Hernández, un asesino serial que al menos mató a cuatro mujeres.

El Goyo Cárdenas, ya en libertad, acudió a la Cámara de Diputados y fue ovacionado. Era, decían las crónicas oficialistas, el mejor ejemplo de que la readaptación social funcionaba porque había tenido una conducta intachable en Lecumberri y el Reclusorio Oriente, además, estudió la carrera de derecho. Nadie se acordó de las muertas, por supuesto.

Recordaba esto, al escuchar la conversación –si así puede llamársele—que tuvo Ciro Gómez Leyva con Israel Vallarta, quien pasó 19 años y ocho meses en prisión, acusado de secuestro, pero al final resultó exonerado, sobre todo por la violación del debido proceso y “el efecto corruptor” que significó la recreación que hizo la Agencia Federal de Investigación (AFI) de su captura.

Nadie, a estas alturas, discute la situación jurídica de Vallarta. Es hombre libre.

Pero tampoco se puede reprochar a Gómez Leyva que siga respaldando a las víctimas de secuestro que ahora se sienten desamparadas.

Durante décadas, Gómez Leyva no ha variado de postura, no por no reconocer las determinaciones jurídicas que se decantaron, en principio, por los afectados de la banda Zodiaco, hasta que el cambio político en el país trajo una variación sustancial de jueces y magistrados.

Lo que tenían claro, se volvió borroso, lo que era infranqueable, se tornó blando.

Toda decisión judicial es polémica, y en el caso de Vallarta no podía ser de otra forma, por el impacto que tuvo y tiene en la opinión pública.

Lo que sí es incorrecto es que Vallarta se sienta con los arrojos, y quizá con los apoyos, para tratar de intimidar a Gómez Leyva.

Vallarta fue al estudio de Radio Fórmula a provocar, no para conversar, porque eso no le interesa.

Amagó con denuncias contra el periodista, allá él; inclusive en el deteriorado panorama que se vive en juzgados y tribunales será improcedente, porque Gómez Leyva lo que ha hecho, a lo largo de estos años y en ese tema, es trabajo periodístico.

Quizá Vallarta quiere aplausos, como los tuvo El Goyo, pero eso nunca cambia la historia.

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