Si la negativa de Trump se concreta, se pondría en marcha la "cláusula de extinción", un ciclo forzoso de auditorías y mesas de negociación cada año
Si la negativa de Trump se concreta, se pondría en marcha la "cláusula de extinción", un ciclo forzoso de auditorías y mesas de negociación cada año

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha entrado formalmente en zona de turbulencia. En vísperas de la primera reunión de revisión conjunta del pacto comercial, se confirmó que la administración de Donald Trump se negará oficialmente a firmar la extensión automática por 16 años del acuerdo, rompiendo el consenso con México y Canadá, cuyos gobiernos ya habían plasmado su rúbrica para prolongar la alianza hasta la década de 2040.
Fuentes diplomáticas y reportes de agencias internacionales como Reuters confirmaron que la delegación estadounidense, encabezada por el Representante Comercial Jamieson Greer, formalizará esa postura este miércoles 1 de julio.
Lejos de ser un anuncio sorpresivo, la medida representa la ejecución de una estrategia de presión que el mandatario republicano delineó desde su campaña.
La negativa de Washington a firmar la prórroga no significa la muerte inmediata del tratado, sino la activación de la polémica “cláusula de extinción” (sunset clause), una herramienta que el propio Trump impulsó en la negociación original de 2018.
A partir de este momento, el libre comercio en la región operará bajo otras condiciones. El T-MEC seguirá operando de forma normal durante los próximos 10 años (hasta el 1 de julio de 2036).
Se inicia, sin embargo, un ciclo forzoso de auditorías y mesas de negociación cada 12 meses. Si durante este periodo de una década las tres naciones resuelven sus disputas, el reloj se puede detener y la extensión por 16 años podrá ser firmada.
Analistas financieros coinciden en que la Casa Blanca está utilizando el acuerdo como un rehén para forzar una reconfiguración profunda de las cadenas de suministro globales.
Las exigencias de la administración Trump se concentran en tres frentes: se busca imponer que el 50% de los componentes de cualquier vehículo fabricado en la región provenga estrictamente de suelo estadounidense, además de elevar las reglas de origen totales al 82%.
Estados exige también candados de acero para evitar que empresas asiáticas utilicen a México como una "plataforma de triangulación" para introducir mercancías al mercado norteamericano sin pagar aranceles.
El amago constante de imponer tarifas al acero y aluminio de los socios comerciales se mantiene como la principal herramienta de coerción.
La estrategia de la Casa Blanca ha optado por fragmentar el bloque norteamericano. Mientras que las negociaciones bilaterales entre Estados Unidos y el equipo del secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, avanzan con una tercera ronda formal programada para la semana del 20 de julio, el gobierno de Canadá ha quedado temporalmente marginado.
Washington mantiene congelada la relación comercial con Ottawa debido a viejas fricciones por el mercado lácteo canadiense y la venta de licores.
Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha hecho un llamado a la calma ante la volatilidad de los mercados. La mandataria mexicana enfatizó que, a pesar de la retórica proteccionista de Trump, el sector empresarial de los tres países —especialmente el estadounidense— se convertirá en el principal dique de contención contra cualquier intento de desmantelar la integración económica regional.
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