Las normas de vialidad indican que la vuelta a la derecha es continua con precaución. Esto significa que, al conducir por un carril conectado a una intersección, se puede avanzar el tránsito hacia ese lado, siempre y cuando se respete el deber de cuidado. En contraste, las vueltas a la izquierda nunca son continuas; requieren, por fuerza, la indicación expresa del semáforo.
Esta regla vial funciona como una analogía perfecta de lo que ocurre actualmente en la política latinoamericana, donde somos testigos de un viraje que va desde las izquierdas oficialistas hacia una derecha más militante. Hace unas semanas, la segunda vuelta electoral en Perú dejó un resultado sumamente estrecho —por menos de medio punto porcentual—. Aunque el proceso se mantiene en vilo bajo la amenaza de impugnaciones, la complejidad de estas vías legales apunta a que Keiko Fujimori asumirá el poder, consolidando un triunfo para la derecha peruana.
En sintonía con este proceso, Colombia también definió su rumbo en una segunda vuelta presidencial. Con un margen igualmente ajustado (menos de 1%), el candidato de derecha, De la Espriella, obtuvo el triunfo, el cual ya fue reconocido por el aspirante oficialista de izquierda, Cepeda. A este panorama se sumarán los comicios en Brasil, donde se podría confirmar si este giro a la derecha es una tendencia sólida y dominante en la región. Lo interesante de los dos casos referidos, es que el andamiaje electoral parece resistir la presión política para facilitar la alternancia, aun en estrechos márgenes de votación.
México no es ajeno a estas inercias. En las elecciones intermedias de 2027 se renovará la Cámara de Diputados a nivel federal y, de manera más atractiva para el mapa político, 17 gubernaturas. La gran mayoría de estos estados gobernados hoy por Morena y sus aliados, como el PVEM, están en la mira de una oposición que busca la alternancia.
Será interesante constatar si el viraje hacia la derecha que vive el continente logrará irradiar a la democracia mexicana o si, por el contrario, el partido en el poder mantendrá su hegemonía. Los recientes escándalos que vinculan a la política con la delincuencia organizada, sumados al desgaste natural del ejercicio gubernamental, serán factores clave en la decisión del electorado.
En los próximos meses descubriremos si esta tendencia se replica en nuestro territorio. El gran reto será evaluar si nuestras instituciones electorales, tanto en lo administrativo como en lo jurisdiccional, estarán a la altura del desafío y de las previsibles presiones políticas que habrán de avenirse. Solo entonces sabremos si en México las vueltas a la derecha también son continuas —aunque con precaución— o si el semáforo político seguirá marcando el rumbo hacia la izquierda.
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