Hay causas que llevan décadas construyendo algo. El movimiento feminista, la defensa del agua, la educación pública, los derechos de comunidades indígenas. Cada una tiene historia, claridad y razones propias. Cada una tiene, también, sus propias victorias y sus propios límites.
El límite más común no es la falta de convicción. Es que ninguna acumula suficiente poder para cambiar las reglas que las excluye a todas.
No es una conspiración. Es una consecuencia casi lógica de cómo se organiza la participación. Los espacios políticos atienden demandas una por una, actor por actor. Cada quien aprende a pelear su batalla en sus términos, con sus aliados, en su trinchera. El sistema no diseñó eso para dividir, pero sí aprendió a aprovecharlo.
Una sociedad fragmentada en causas que compiten entre sí no construye poder colectivo. Construye presión dispersa.
Eso tiene una consecuencia práctica: cuando las causas no se apoyan entre sí, el poder puede atenderlas una por una. Ceder lo mínimo a cada una. Negociar por separado, sin enfrentar nunca la presión de todas juntas. La fragmentación no es solo un problema de coordinación. Es una ventaja para quienes administran el statu quo.
Este mes se celebra algo que tardó décadas en construirse. El movimiento LGBT+ no avanzó porque todos sus integrantes lucharon por lo mismo. Los gays no hablan por las lesbianas. Los trans no deciden por los queer. Cada grupo defiende su causa con su propia voz. Lo que sí hacen es apoyarse públicamente entre sí, sin pretender que sus luchas son idénticas.
Eso no es identidad compartida. Es solidaridad estratégica. Precisamente lo que a otras causas nos ha costado más construir.
Reconocer las diferencias no implica operar en silos. Es posible defender lo propio y respaldar lo ajeno al mismo tiempo. Cuando eso ocurre, la fragmentación deja de ser una condición inevitable y se convierte en un desafío político que puede enfrentarse. Porque el poder colectivo no surge de pensar igual, sino de entender que muchas luchas distintas comparten obstáculos comunes.
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