La Jornada, periódico de circulación nacional, reportó el domingo 3 de junio de 2007 que, un día antes, en un mitin en la Plaza de la Danza, López Obrador dijo: “Quiero decirles que vamos a derogar esa reforma (a la Ley del ISSSTE). Con esa modificación, por poner un ejemplo, al maestro, después de 30 años de trabajo, se le jubila con el 100 por ciento de su sueldo, pero ahora pretenden que, cuando termine de trabajar, solamente reciba la mitad. Eso no podemos aceptarlo”. En el evento lo acompañaban los entonces senadores Gabino Cué y Salomón Jara.
Diecinueve años después, la promesa no se ha cumplido. La segunda administración de Morena no parece querer responder a sus aliados históricos y no atina a construir una salida a las afirmaciones que hizo el líder moral del movimiento. El actual régimen pensionario, a decir de los maestros, responde a las políticas neoliberales y se sustenta en un esquema de retiro individual y no de solidaridad.
La presidenta Sheinbaum ha respondido al reclamo con frases como las siguientes: “Dicen que yo lo dije; en efecto, en un tiempo lo dije…” o “En este momento representa una carga a las finanzas públicas que no puede atender el Estado mexicano” o “Pondríamos en problemas a los recursos públicos, para programas de bienestar, para obra pública, para el salario de los trabajadores del Estado”.
En 2018, cumplir con el compromiso con los maestros era posible; complicado y oneroso para las finanzas públicas, pero posible. Ahora, con una economía que no crece y un gobierno que tiró el dinero a manos llenas, no es factible resolver la demanda que inquieta a los docentes agremiados a la aguerrida e independiente Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación. Por cierto, no llama la atención el silencio del SNTE; la organización que condujo la legendaria Elba Esther Gordillo hoy es un sindicato cooptado por el gobierno.
López Obrador hizo otras promesas que no se han cumplido; entre ellas, llevar a la Constitución un salario mínimo profesional equivalente al salario base de cotización promedio de los trabajadores afiliados al IMSS, algo así como 19 mil pesos mensuales. Este último compromiso se encuentra congelado en el escritorio de Laura Itzel Castillo, presidenta de la Cámara de Senadores, quien se ha negado a declarar que se cumplió el trámite legislativo.
Para llegar al poder, Obrador aprovechó el enojo ciudadano y, sin escrúpulos, prometió un México imposible. Es un mentiroso compulsivo, experto en generar fantasías en la gente. No son pocos los que lo defienden con el argumento de que es un hombre de buena fe. En lo personal, creo que es un sinvergüenza que, sabedor de su ignorancia, no duda en usar la demagogia para engañar. Su deseo de poder es tan grande que puede comer como un paria y vivir cual anacoreta, pero también dejar morir a la gente en una pandemia por capricho.
Por lo pronto, los profes tienen en el Mundial su mejor arma de presión para doblar al gobierno y conseguir mejoras en sus pensiones. Mientras eso sucede, el tabasqueño pasa a la historia como un vil mentiroso. A como están las cosas, no creo que eso último le apure.
Los mentirosos, como Obrador, erosionan la política y dañan la confianza de quien recibió el compromiso. Sin embargo, en el caso concreto hay más perjudicados; entre ellos, la actual presidenta y su administración. Corresponde a la sucesora enfrentar los reclamos y dar la cara por su compañero de partido.
El mentiroso es un irresponsable que se equipara al cínico que se sube al camión al grito de: “¡El de atrás paga!”.
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