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La verde Antequera y el debate jurídico

Oaxaca es un lujo; caminar en ella es una aventura de colores, sabores, historia y arte. En la gente, la riqueza de las culturas milenarias y del mestizaje. El gusto de los viajeros se traduce en un sinnúmero de hoteles, restaurantes y galerías de arte. El fin de semana encontré a la ciudad todavía más alegre que en otras ocasiones y muy limpia. Me supongo que el alcalde hace un buen trabajo.

La ciudad que vio nacer a Díaz fue sede del IV Congreso Internacional SÍLEX que, bajo el título Derecho y Razones de la Argumentación Jurídica, fue organizado por la corporación que dirige el famoso abogado español Juan Antonio García Amado y la Benemérita Universidad de Oaxaca. El éxito del evento académico fue rotundo. Panelistas y asistentes quedaron satisfechos del encuentro y salieron con una experiencia que seguro contribuirá a su ejercicio profesional.

Entre los ponentes, las mentes más lúcidas de la jurisprudencia en Europa y América hispana. Entre ellos, Ferrajoli, Gargarella, Cossío, Cárdenas, Comanducci y Vigo. En el público, abogadas y abogados de México y varios países del continente, y un buen número de estudiantes que aprovecharon el evento para ganar conocimientos y experiencia.

En la mañana del sábado, la esperada conferencia de Luigi Ferrajoli, el italiano decano de la Universidad de Camerino y alumno de Norberto Bobbio, conocido por ser uno de los principales teóricos del garantismo. En el centro de su disertación: su espíritu inconforme y rebelde, siempre atento a las mejores causas. Es un hombre de 86 años que no deja de construir conocimiento y luchar por un mundo mejor. 

Habló de las contradicciones de nuestros tiempos y de la ambición que destruye el medio ambiente y enfrenta a los pueblos. Abundó sobre la necesidad de acuerdos supranacionales para garantizar la supervivencia de la especie y puso sobre la mesa la realidad de la producción y comercio de las armas convencionales.

Tres reflexiones me dejó el evento: 1. La importancia, diría Habermas, del diálogo, la deliberación y la democracia; 2. La necesidad que tiene México del intercambio de ideas con personajes de otras latitudes y, 3. De Gargarella y Ferrajoli, la esperanza de un mundo mejor y la actitud revolucionaria que les corresponde a los juristas.

Para ser honestos, el debate y el diálogo en los pasillos también me dejaron muy claro el tremendo error que se cometió con la reforma al Poder Judicial: somos el hazmerreír del mundo.

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