La imputación por la Audiencia Nacional española del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por cargos de organización criminal, tráfico de influencias, falsedad documental y blanqueo de capitales en el marco del denominado "caso Plus Ultra", pone contra las cuerdas al gobierno de Pedro Sánchez.
El antiguo mandatario socialista, cuyo gobierno (2004-2011) tuvo luces y sombras, fue esgrimido por el PSOE de Sánchez como un activo clave y un “referente moral”, y en esa calidad desempeñó un papel crucial en la elección de 2023 que llevó por tercera vez consecutiva a Sánchez al poder. En efecto, de una parte Zapatero amplió de manera destacada derechos civiles tales como el matrimonio igualitario (2005), la Ley de Igualdad, la Ley de Dependencia y presidió, en su primera legislatura, una etapa de gran expansión económica.
No obstante, de otra parte, su pésima gestión del estallido de la burbuja financiera de 2008 causó una gravísima crisis económica, de la que España tardó años en recuperarse. Muchos -especialmente en las filas del Partido Popular, mas no solo- alegan que su Ley de Memoria Histórica de 2007 rompió con el consenso de la transición política española que propugnó por la reconciliación y la mirada común hacia el futuro y que dicha ordenanza, por el contrario, sembró división al reabrir las viejas heridas de la Guerra Civil. Otros le reprochan haber alentado la deriva separatista que ha mantenido en vilo a España, al menos desde la intentona en Cataluña en 2017 y sometida al chantaje permanente de los partidos nacionalistas de esa región y del País Vasco, mismos que ofrecen su apoyo parlamentario para la formación de gobierno a cambio de exacciones sin fin.
En 2023 Sánchez no obtuvo el triunfo en las urnas, ya que tan sólo alcanzó 31.68% de los sufragios emitidos contra 33.06 del candidato del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Fue sólo en la negociación posterior, con los partidos nacionalistas y de izquierda radical, en las que Zapatero desempeñó un papel crucial, que se logró forjar la coalición que lo tiene en el poder.
Ahora, ante las evidencias acumuladas día con día sobre las presuntas trastadas cometidas por Zapatero, los antiguos aliados y socios de coalición de Sánchez se desmarcan y comienzan a darle la espalda, habida cuenta de la evidencia palmaria que emerge día con día para incriminar a Zapatero.
Tal ha sido el caso del diputado del partido independentista catalán Esquerra Republicana, Gabriel Rufián, socio de la coalición gobernante, quien, de una defensa a ultranza de la honorabilidad supuesta de Zapateo, transitó precipitadamente a una postura más matizada e incluso de franco distanciamiento frente a las acusaciones que se le hacen al expresidente. O bien, el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Aitor Esteban, de igual modo parte de la variopinta coalición que sostiene a Sánchez en el poder, quien recién manifestó que “sería irresponsable seguir más allá de 2026 sin elecciones. El propio expresidente socialista Felipe González, quien desde hace tiempo se distanció tanto de Zapatero como de Sánchez, llama también a adelantar elecciones.
La figura de Zapatero era considerada el mayor aglutinante al interior del PSOE y un puente fundamental para tejer acuerdos en la sombra con otras fuerzas. Su imputación deja al actual presidente sin este soporte político e ideológico en un momento de alta fragilidad. El escenario judicial continuará desplegándose con la citación de Zapatero a comparecer el 2 de junio. Entonces se verá la magnitud del daño.
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