Es curioso que en la exposición de motivos de la iniciativa para incluir la causal de nulidad de elecciones por intervención extranjera se incluyan, como ejemplo, los casos de Ucrania, en 2004, y de Rumanía, en 2024.
En ambas historias hay un actor común: el gobierno de Rusia, que se inmiscuyó de modo evidente.
Es probable que Ricardo Monreal acudiera a referencias que estaban a la mano y que podían ilustrar lo propuesto, para no hablar de los elefantes en la sala: Donald Trump y los diversos organismos internacionales.
Las preocupaciones de Morena no están en Rusia, porque de ahí no provendría ningún intento de desbarrancarlos.
Después de siete años de esfuerzos, quienes ahora gobiernan ya tienen el control del INE y del TEPJF, y no se dará, en esas instancias, resolución alguna que contradiga o afecte a la 4T.
Lo que está suelto, en cambio, es lo que proviene del exterior, como los organismos que supervisan el trabajo en derechos humanos, las universidades que miden la calidad de la democracia, los intelectuales que alertan sobre los peligros que se corren, los políticos de partidos que no congenian con “el momento estelar” que vivimos, y también los Departamentos de Justicia que solicitan detenciones de políticos en activo.
¿Qué tanto pueden influir en el electorado la convergencia de informes y de acusaciones? No lo sabemos, pero nunca han sido determinantes para definir el voto.
Tampoco está claro que a Trump le interese un cambio de estafeta, cuando ha tenido en los dos últimos gobiernos a aliados más que decididos.
Las cosas se complicaron en el tema de combate al narcotráfico, pero hay trabajo conjunto, que por ahora topó con la protección política a personajes como Rubén Rocha Moya y los que se vayan sumando.
Como las mediciones de popularidad ya no son favorables, o no del todo, prefieren no arriesgarse y tener una herramienta más.
Lo que se quiere incluir en la Constitución, como causa de nulidad, es lo siguiente: cuando “exista intervención de individuos, organizaciones o gobiernos extranjeros con la intención de influir en las preferencias o en los resultados electorales”.
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