Sólo falta que el régimen ponga en vigor una reforma electoral que anule toda elección en la que no resulte triunfadora la alianza oficialista, el partido en el poder y sus partidos satélites.
En la exposición de motivos podría argüirse que si en algunos comicios el oficialismo es derrotado, seguramente se habrá debido a que la oposición, asesorada desde el extranjero, manipuló o de plano engañó al pueblo bueno para que no votara por quienes verdaderamente lo representan.
¿Se acuerdan, lectoras, lectores –¿cómo podríamos olvidarlo?– que los diputados del partido en el poder declararon solemnemente que el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador era la encarnación del pueblo, la patria y la nación?
Por lo tanto, todo aquel que no fuese feligrés del caudillo sería un enemigo del pueblo, la patria y la nación. Por eso, tales diputados acusaron a sus colegas que no votaron por una de las iniciativas presidenciales de traición a la patria. ¿Cómo podríamos olvidarlo?
Por lo pronto, Ricardo Monreal ha anunciado una iniciativa que propone como causa de nulidad de unos comicios la “injerencia del extranjero”, incluyendo no sólo gobiernos sino organizaciones e individuos.
Esa injerencia abarcaría incluso la influencia mediática. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el mismo que le obsequió fraudulentamente una mayoría calificada en la Cámara de Diputados a la coalición oficialista, decidiría si la injerencia fue determinante para el resultado de la elección.
Si un diario de otro país, digamos The New York Times, publicara un reportaje o un artículo de opinión en el que se señalaran los vínculos del partido en el poder con el crimen organizado, esa publicación podría ser considerada por el tribunal una injerencia extranjera que influyó en el voto de los ciudadanos.
Supongo que mientras anunciaba la iniciativa con la que Morena se blindaría de los rivales del pueblo bueno, Monreal se relamía los bigotes y en silencio canturreaba: “Mas si osare un extraño enemigo / con su verba influir en el pueblo / piensa, oh, patria querida, que el Trife / sin dudar borrará la elección”.
El partido gobernante, de ser aprobada la anunciada iniciativa –lo que no le será difícil, pues cuenta con la mayoría calificada, así sea espuria, para lograrlo– dará otro paso en pos de la realización de su sueño dorado: perpetuarse, secula seculorum, en el poder.
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