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Una sociedad sin clases

Mario Delgado ha hecho realidad el sueño de Karl Marx: una sociedad sin clases. Para conseguirla no hizo falta una revolución violenta, ni siquiera una transición gradual exitosa. No, los factores para ese estatus fueron muy distintos: el calor y el Mundial de futbol. ¡Ah!, y uno más: el talante antiilustrado del titular de Educación Pública.

Delgado no es el único servidor público que no siente demasiado aprecio por las clases. Lo acompañan en esa valoración los ministros de la Suprema Corte del acordeón. La Suprema Corte aprobó, por unanimidad, el proyecto de la ministra Lenia Batres determinando que un estudiante de secundaria puede pasar de grado, aunque haya reprobado hasta cuatro asignaturas y no cumpla con un mínimo de asistencia a clases.

El proyecto de Batres no tiene desperdicio. Argumenta la ministra que “la educación de excelencia no se agota en registros de asistencia o en acreditaciones de asignaturas o grados mediante mediciones numéricas cuantitativas (¿hay de otras?, me pregunto), pues esa perspectiva resulta reduccionista frente a la complejidad y pluralidad de factores que integran este principio”.

El presidente del máximo tribunal, Hugo Aguilar, aseguró que los alumnos no necesitan acudir al aula para alcanzar la excelencia académica. A juzgar por los comentarios que emite en las sesiones y sus votos, Aguilar no era muy afecto a asistir a las lecciones de sus profesores.

“Si un niño no va a la escuela, pues es indicio de que algo malo está ocurriendo en el seno de la familia y, en una perspectiva integral y holística, lejos de atender la situación que esté pasando la familia y que impide que el niño vaya a la escuela, pues, en lugar de eso, lo sancionamos”, externó el presidente de la Corte. Es decir, desde su punto de vista que un niño vuelva a cursar una materia que no ha aprendido ¡es imponerle una sanción! ¡El aprendizaje es un castigo!

De acuerdo con la prueba internacional de PISA 2022, última de la que se tienen resultados sobre México, en nuestro país 66% de los estudiantes tiene bajo nivel de rendimiento en matemáticas, 51% en ciencias y 47% en comprensión lectora. Según los inauditos ministros de la Corte, la asistencia a clases no sirve para reducir esos porcentajes. Pero seguramente la inasistencia a la escuela daría lugar a individuos con un nivel intelectual como el suyo, y eso parece que les resulta deseable.

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