La economía mexicana no crece. El PIB del primer trimestre de 2026 cayó en 0.8%. De 2018 a 2025 el PIB aumentó en apenas 5.0%, al tiempo que la población lo hizo en 6.8%, resultando en un menor PIB por habitante. México se ha rezagado en relación con el resto del mundo, cuyo PIB per cápita se amplió en más de 10.0% en los últimos siete años, de manera que la pandemia, que afectó a todo el planeta, no alcanza como argumento que explique su falta de crecimiento.
El PIB puede crecer sólo si se incorpora más capital o trabajo al proceso productivo (acumulación de factores) o si aumenta la eficiencia con la que se usan (gracias a mejoras en aspectos como tecnología, calidad de la gestión, infraestructura u organización industrial). Las mediciones más recientes del INEGI en su reporte “KLEMS” muestran que el crecimiento promedio anual de la eficiencia en el uso del capital y el trabajo entre 2018 y 2024 es de 0.0%, de manera que todo lo que se creció se explica por la vía de la acumulación de factores por pura fuerza bruta: inversión para aumentar el acervo de capital y empleo para incrementar el volumen de trabajo.
A su vez, la calidad de la inversión o del empleo adicionales son importantes. Así, un mismo valor de la inversión puede traducirse en mayor o menor aumento en la capacidad productiva dependiendo de su naturaleza. Por ejemplo, una carretera o una vía de tren que se usan muy poco pueden terminar por reducir la eficiencia promedio del capital para generar valor y viceversa. Algo similar ocurre con el aumento del empleo, puesto que el impacto en el PIB es muy diferente si los nuevos empleos ocurren en negocios de alta o de baja eficiencia. Por ejemplo, en 2025 hubo un crecimiento global del empleo por 1.1 millones de personas, que resultó de un aumento en el empleo informal de 1.2 millones y una caída del empleo formal de 0.1 millones, restando a la eficiencia global.
Si nos atenemos a lo que dice la ENOE, el número de personas ocupadas habría crecido en 11.8% entre 2018 y 2025. Sin embargo, dado que un porcentaje creciente de esos nuevos empleos son de mala calidad, en el sentido de que están distribuidos en actividades de bajo aporte al valor agregado, su impacto en el crecimiento del PIB es muy limitado. En este sentido conviene enfocarse en una estadística que capte el empleo en las actividades que más directamente inciden en el PIB, para lo cual quedan como anillo al dedo las encuestas de sectores económicos del INEGI, las cuales están diseñadas precisamente para alimentar al PIB, garantizando la incorporación con probabilidad 1 de las principales empresas al interior de las actividades de manufacturas, construcción, comercio y servicios no financieros.
De hecho, el INEGI publica un indicador que agrega la información de esas encuestas (y de los registros IMMEX), el cual está inspirado en el Nonfarm Payroll Employment, del BLS de EU. Se trata del Índice Global de Personal Ocupado de los Sectores Económicos (IGPOSE), que representa a las empresas que concentran 94.7% del total del personal ocupado de los censos económicos. Pues bien, lo que vemos es que de 2018 a 2025 este índice, que monitorea el empleo relevante para el crecimiento económico, cayó en 1.5%, con disminuciones adicionales en el primer bimestre de 2026. Así, queda claro que si sólo crecemos por acumulación de factores y si no acumulamos factores ahí donde importa, no es sorpresa que las cifras de crecimiento de la economía sean consistentemente desilusionantes.
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