Entre 2018 y 2025 el tipo de cambio promedio anual pasó de 19.24 a 19.20 pesos por dólar, manteniéndose prácticamente sin cambio. En el mismo periodo, los precios al consumidor en EU subieron 28.2%, mientras que en México lo hicieron en 41.2%. Esto significa que por efecto del tipo de cambio las importaciones se han venido haciendo progresivamente más y más baratas en relación con las compras domésticas, lo que ha permitido mantener un consumo al alza a pesar de que la economía se ha mantenido estancada.
Así las cosas, de 2018 a 2025 el consumo privado real que reporta el INEGI creció en 11.6%, mientras que el PIB lo hizo en 5.5%. Es decir, el consumo creció dos veces más rápido que la actividad económica que lo sustenta. En particular, el consumo privado de bienes importados se incrementó en 52.5%, mientras que el de productos de origen nacional lo hizo en 6.7%, de manera que el consumo final de importaciones creció 7.8 veces más rápido que el de productos nacionales, por lo que la falta de crecimiento económico no se ha visto reflejada en la capacidad de consumo gracias, entre otras cosas, a la fortaleza del peso en relación con el dólar.
A su vez, la fortaleza del peso tiene que ver más con la debilidad relativa del dólar que con la solidez del aparato productivo mexicano. En este sentido, cada vez que se extiende la atonía del crecimiento de México y se incrementan los compromisos de gasto público en relación con la capacidad de generación de ingresos fiscales, que pudiera afectar su calificación crediticia, la probabilidad de que haya una reversión súbita en el comportamiento del tipo de cambio se incrementa, en cuyo caso se tendría que recortar el consumo, que no puede crecer indefinidamente más rápido que la capacidad generadora de ingreso de la economía.
Con independencia de un eventual ajuste en el tipo de cambio, la corrección del consumo se ha comenzado a dar. El Indicador de Confianza del Consumidor, si bien se sigue manteniendo en niveles históricamente altos, ha marcado una clara tendencia a la baja desde octubre de 2024, al tiempo que el Indicador Oportuno del Consumo Privado muestra tasas de crecimiento contra el mes anterior de 0.2% para febrero y 0.0% para marzo de 2026.
A juzgar por el Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) del INEGI, que replica el modelo multivariado de la OCDE para dar seguimiento a la evolución de los ciclos económicos desde la óptica del “ciclo de crecimiento”, la actividad económica de México ya estaría en recesión de crecimiento desde hace al menos 15 meses (diciembre de 2024 a febrero de 2025), que es el tiempo durante el cual el indicador ha estado por debajo de su tendencia de largo plazo y ampliando su brecha negativa con ella. Con este comportamiento, el SIC nos está diciendo que la economía mexicana se continúa debilitando respecto de su propia tendencia de largo plazo, de por sí bastante raquítica.
La falta de crecimiento económico amenaza con llevarnos a un ajuste con la realidad que pudiera resultar violento y doloroso. La única manera de mantener un crecimiento sólido del consumo es por medio del crecimiento económico sostenido. A últimas fechas se han dado señales por parte del gobierno federal de que reconoce en la falta de crecimiento un problema fundamental. Habrá que ver si está dispuesto a tomar todas las medidas necesarias, sin dogmas ideológicos y sin tabúes políticos, antes de que la realidad del estancamiento se refleje en toda su crudeza sobre la capacidad de consumo de la población.
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