El pasado 1 de abril, la Secretaría de Hacienda entregó los Precriterios de Política Económica 2027 a la Cámara de Diputados. Este documento constituye el inicio del proceso que tradicionalmente desemboca en la formulación, por parte del Ejecutivo federal, tanto de la Ley de Ingresos como el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) del siguiente año fiscal. Allí coexisten cifras y juicios en torno a la economía y las finanzas del país, así como pronósticos sobre las principales variables socioeconómicas y los “montos deseables” que serán asignados a los diferentes programas presupuestales.
Independientemente del origen partidario del gobierno federal en turno, una constante en ese documento es la visión optimista que suele permear los diagnósticos y perspectivas ahí contenidos; así como, frecuentemente, la crítica o descalificación por parte de la oposición.
El documento referido (42 pp.) se inscribe en esas líneas. Así, al describir o enjuiciar la situación actual del país se indica que: “México llega a esta etapa con fortalezas... que le permiten una mayor capacidad de respuesta”. Por lo que se refiere al entorno internacional y sus retos, la economía nacional cuenta con “fundamentos sólidos” para responder a la situación. Entre ellos: a) una deuda pública baja y sostenible, b) un sistema financiero resiliente, c) altos niveles de inversión extranjera y d) una posición estratégica en las cadenas de valor con los países del T-MEC.
Por lo que toca al frente interno, se afirma que existen “motores que contribuyen a diversificar las fuentes de crecimiento”. Entre otros: a) un mercado interno consolidado, que se apoya en el aumento de salarios reales, b) la ampliación de los Programas para el Bienestar, c) una red de protección social que permite sostener el ingreso de los hogares, y d) una base productiva de creciente dinamismo en los sectores manufactureros.
El objetivo general de los precriterios, aunque también de todo el proceso que culmina en diciembre con la aprobación de la Ley de Ingresos y el PEF, es el de generar una “transformación económica con bienestar”. Hasta aquí el planteamiento general del documento parece certero. Sólo que, cuando empiezan a aparecer cifras y proporciones, o indicadores y tendencias, las “fortalezas” hacia el exterior y los “motores” para el crecimiento económico no avalan del todo varias de las afirmaciones optimistas. Si bien existe un reconocimiento generalizado al sexenio anterior, en lo referente a los 13.5 millones de personas que salieron de la pobreza, esto no significa desconocer que los buenos augurios no siempre se traducen en una realidad en todos los sectores y programas de la administración pública federal, significativamente en salud y educación; ni que las finanzas públicas hayan mantenido una situación estable, aunque insuficiente, hasta ahora.
Comentarios: A pesar de todo, gobierno y oposición, optimistas y críticos, coinciden en lo que el tiempo ha convertido en un lugar común. La economía del país no crece lo suficiente para remediar carencias ancestrales. Si antes de 1982 el promedio del crecimiento anual del producto interno bruto (2%) era escaso y criticable, lo acontecido en el último sexenio lo torna exiguo e insatisfactorio. De ahí la relevancia que debería darse a ese indicador esencial, en función de lo que ahora se muestra en los precriterios
- El principal motor del crecimiento, el PIB, se ha estacionado en un 0.8% de promedio anual en el periodo 2019-2025. Esto (aunado, entre otros, a una consolidación fiscal que no ha alcanzado el ritmo requerido) ha supeditado toda la macroeconomía, reflejándose en cifras y proporciones reducidas en buena parte de los programas presupuestales.
- Para el presente año, el pronóstico de 2.3% de incremento queda distanciado ya de las previsiones de organismos internacionales (OCDE, Banco Mundial, Cepal), organismos privados, así como de analistas, e inclusive del Banco de México, que lo sitúa en 1.6%.
- En conclusión: difícilmente aquellas secretarías y dependencias públicas que han operado con incrementos nominales del índice inflacionario podrán alcanzar las metas previstas en los programas sectoriales correspondientes al sexenio en marcha.
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