La presidenta Sheinbaum ofreció garantías de seguridad para la realización de la Copa del Mundo, y a los grupos que vienen a generar violencia les ofreció impunidad.
Sheinbaum ha reiterado que “no vamos a reprimir” a los grupos violentos que vienen a manifestarse a la Ciudad de México en ocasión del Mundial.
Eso es una licencia de impunidad.
Saben que no les va a pasar nada si el jueves de la inauguración agreden a policías, comercios, medios de transporte y personas, porque ya se los prometió la presidenta de la República.
Con su negativa a brindar seguridad personal y patrimonial a los ciudadanos, Claudia Sheinbaum abdica de la responsabilidad esencial de un jefe de Estado.
¿Para qué luchó por llegar a la Presidencia?
¿Para entregar a grupos violentos la facultad exclusiva del Estado del uso de la fuerza?
Es inaudito que haya dado su palabra de que la seguridad estaba garantizada para la realización del Mundial, y a la hora de la verdad lleguen a la sede inaugural del evento deportivo (casi) todos los aliados violentos de Morena y ella les ofrezca impunidad por anticipado.
Tuvo la posibilidad de renunciar a la Copa del Mundo por falta de capacidad para dar garantías a los ciudadanos y a los turistas para que disfruten en paz de un evento maravilloso.
El cóctel de violencia que preparan los maestros, normalistas y otros grupos, ha sido detectado oportunamente y la respuesta presidencial ha sido que “no vamos a reprimir”.
Nadie le pide que disponga una reedición del 68 de Díaz Ordaz, sino que use a las fuerzas del orden para que garanticen, precisamente, el orden.
¿Es difícil? Claro que es difícil, pero hay con qué hacerlo sin causar otro 68.
Las áreas de inteligencia de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México han hecho un buen trabajo y entregaron el mapa de riesgos de lo que puede suceder el jueves y con qué explosivos cuenta el gruperío violento.
De acuerdo con el informe obtenido por el reportero Ignacio Alzaga, de La Aurora, los normalistas de Ayotzinapa tienen alrededor de mil artefactos explosivos fabricados con tubos de PVC, pólvora sellada con parafina y un sistema manual de activación mediante fricción, diseñados para generar una detonación retardada.
Hagan lo que quieran, son unos provocadores, pero “no los vamos a reprimir”.
Eso no es gobernar, sino falta de voluntad política para cumplir con el deber central que da sentido a la existencia del Estado.
No pretende frenar la violencia, sino desviarla.
Señaló al dueño de TV Azteca como promotor de los grupos vandálicos sin ninguna prueba, o con calculada malicia.
¿Para qué? Para que los violentos vayan a “deslindarse” a las instalaciones de la televisora.
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