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Se sigue calentando la olla

El agua de la olla lleva años calentándose y ya está a punto de hervir. El más reciente embate del gobierno, la censura a los medios de comunicación, obliga a hacer una pausa para la reflexión. Conviene entender cómo llegamos hasta aquí.

Hace algunos siglos, el poder se concentraba en una sola persona y la llamaban rey. En la Edad Media, los reyes tenían el poder absoluto. Ese modelo se desgastó porque la gente se cansó de los abusos: los reyes juzgaban sin que hubiera justicia, cobraban impuestos a su antojo, mataban a los súbditos que pensaban distinto y la gente no tenía escapatoria. Eso terminó con la Revolución Francesa. De ahí surge la idea de dividir el poder.

Desde la primaria nos enseñaron la división de poderes clásica: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, de modo que cada uno tiene una tarea específica y se supervisan entre ellos. En teoría, ese modelo evita abusos, excesos y arbitrariedades.

En México fuimos más allá del modelo clásico. En las últimas décadas creamos los órganos autónomos, convencidos de que hay áreas del sector público que deben estar en manos de expertos y no de los caprichos políticos. Así creamos el Banco de México, para evitar que los políticos decidieran imprimir billetes a capricho; también surgió el órgano de transparencia, para poder saber en qué se gastan nuestros impuestos, y la lista fue amplia: telecomunicaciones, el árbitro electoral, competencia económica, entre otros.

En 2018, cuando Morena llegó al poder, decidieron que la división de poderes les estorbaba para sus planes. Uno a uno fueron destruyendo los órganos autónomos. Si no podían eliminarlos, los cooptaban en su integración. Ya no sabemos en qué se gastan nuestros impuestos, hay serias dudas del actuar del árbitro electoral y en todos los demás sectores estamos al capricho presidencial.

Después de la elección de 2024, Morena se adueñó a la mala del Poder Legislativo. Con argumentos leguleyos pasó de tener 54% de los votos a ocupar casi 73% de la Cámara de Diputados. Eso se llamó sobrerrepresentación. Para ese momento Morena ya había destruido los órganos autónomos y ocupaba el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Solo les faltaba el Judicial.

Cuando llegué a la Cámara de Diputados, en la primera semana de sesiones de la LXVI Legislatura el pleno no pudo reunirse en San Lázaro ante las protestas de jueces, trabajadores y estudiantes de Derecho que habían sitiado el recinto legislativo. La sesión se llevó a cabo en el Deportivo de la Magdalena Mixhuca. Allí los legisladores de Morena destruyeron el Poder Judicial y crearon una ficción de tómbolas y acordeones que quedaría sometida a las estructuras electorales del poder.

La realidad supera a la ficción. La película La Ley de Herodes se ha quedado corta, porque Morena se tomó muy en serio esa escena en la que a Vargas le dicen que todo lo que dice la Constitución es él: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Sin embargo, para los autoritarios no es suficiente concentrar el poder: ahora quieren que no exista ningún pensamiento distinto. Ahora van por la censura en los medios de comunicación, las redes sociales y la inteligencia artificial. Morena pasó de las “benditas redes sociales” a querer prohibir todo lo que la exhiba como corrupto, inepto y gandalla.

Morena se siente dueño de la verdad absoluta, de modo que serán ellos quienes te censuren si dices algo que les incomoda. Ni se te ocurra decir que hay violencia, porque con sus otros datos van a censurarte y decir que mientes. Ni pienses en denunciar los tandeos de agua y los apagones, porque te llegará la censura: son reparaciones e intermitencias del servicio.

En cambio, lo que diga Morena será verdad. Nadie podrá revisar lo que diga la presidenta, porque a ella le aplican el “dogma de fe”. Cuando Sheinbaum dijo que Rocha Moya no tenía protección federal, ¿fue información, opinión o mentira?

Todos hemos escuchado el ejemplo de la rana que cocinan en una olla con agua a la que le suben lentamente la temperatura, hasta que el agua hierve y la rana muere sin haberse dado cuenta de que la estaban cocinando. Lamento ser uno de los que dicen que, como sociedad mexicana, somos la rana, mientras los políticos corruptos y vinculados al narcotráfico suben lentamente la temperatura.

Morena no cumplió y nos falló. Han concentrado el poder para servirse: viajes lujosos, mansiones y caprichos. Quieren aferrarse al poder. Pero que sigan robando y mintiendo depende de nuestra apatía y de nuestra abstención. Por eso debemos salir a participar todos, ejercer nuestros derechos y defender lo que se gane en las urnas. La salida está en nuestras manos. El poder lo tenemos todos los ciudadanos.

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