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¿Quién gobierna Sinaloa?

Culiacán, Sin.- Sinaloa está en manos de una gobernadora interina y tiene que enfrentar una crisis que no es interina. Yeraldine Bonilla sustituyó a Rubén Rocha Moya, cuando éste fue acusado por Estados Unidos de tener vínculos con el crimen organizado. Pero, hoy por hoy, ¿quién gobierna Sinaloa? La realidad es que el gobierno estatal opera bajo paréntesis, sin que este paréntesis tenga fecha de cierre.

Bonilla no tiene un proyecto propio de gobierno. Solo es un relevo en la misma estructura administrativa. Desde su mensaje de toma de protesta afirmó que habría total continuidad. Entonces, su llegada al interinato es solo para seguir con las políticas de Rocha Moya, y no para impulsar un rumbo diferente. En otras palabras, Bonilla no tiene gobierno propio.

Pero la gobernadora interina está a cargo de un presupuesto estatal de 78 mil millones de pesos, mismo que maneja con total discreción y sin control alguno. Pese a ello, su administración no impacta sobre la inseguridad pública. Tampoco en la reactivación económica, menos aún en una gobernabilidad que se sigue perdiendo. Sin embargo, los recursos públicos se ejercen puntualmente, sin saberse cómo ni en qué. También el endeudamiento está creciendo.

La nueva autoridad estatal no tiene las riendas de su propio gobierno, y tampoco controla el territorio. La delincuencia continúa: seis homicidios diarios en promedio, casi 4 mil personas desaparecidas, 19 vehículos robados cada día, y hay amplias zonas y horarios donde la presencia gubernamental aún es imposible. Ningún programa de bienestar, de obra pública o de infraestructura opera con normalidad.  

Este no es un asunto de percepción. Coparmex estima pérdidas económicas por 36 mil millones de pesos y la desaparición de 35 mil empleos, a causa de la ingobernabilidad en Sinaloa. Aún con gobierno interino formal, Sinaloa es un estado abandonado institucionalmente.

Hoy combina cuatro crisis: la de inseguridad que no cede, la falta de legitimidad del Ejecutivo estatal, la crisis económica medible en cierres y pérdida de competitividad, y una crisis en las finanzas públicas con fuerte incremento de deuda.

Quizá la gobernadora Bonilla no tiene la culpa de todo eso, pero tampoco tiene una estrategia visible que las atienda, más allá de un discurso vacío. Es un hecho que Rocha Moya y su equipo continúan gobernando en Sinaloa. Están escondidos, pero no se han ido. Por eso, el desaseo gubernamental y la corrupción siguen igual.

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