El Verano del Amor, los conciertos al aire libre en San Francisco, los movimientos de amor y paz no serían los mismos sin la figura de este artista que con sus carteles retrató el sentir de una época y que se adaptó a los tiempos
El Verano del Amor, los conciertos al aire libre en San Francisco, los movimientos de amor y paz no serían los mismos sin la figura de este artista que con sus carteles retrató el sentir de una época y que se adaptó a los tiempos

Fue creador de carteles de varios festivales hippies, diseñó portadas para grupos como Bad Finger, Yes, Grateful Dead, Jimi Hendrix y Aretha Franklin, entre otros. Su trabajo ha quedado en la memoria colectiva, todavía en algunas paredes y mucho en galerías y casas de subastas. El pintor y diseñador Peter Max, una de las figuras más emblemáticas del pop art y la estética psicodélica, falleció el pasado lunes a los 88 años en un hospital de Manhattan. Su deceso fue confirmado por su hijo Adam Max, quien recordó el espíritu curioso y la calidez de su padre. El artista padecía una avanzada demencia desde hacía más de una década, condición que lo mantuvo alejado de los lienzos en sus últimos años de vida.

Nacido en Berlín en 1937, Max revolucionó la cultura visual de los años sesenta mediante el uso de tonalidades fluorescentes y elementos gráficos alegres. Su trabajo capturó la esencia del movimiento pacifista norteamericano y transformó el diseño comercial de la época al llevar el arte a objetos cotidianos. A través de trazos simples y una paleta brillante, logró democratizar el acceso a la plástica contemporánea en todo el mundo.
Entre sus producciones más célebres destacan carteles que decoraron millones de habitaciones juveniles, tales como el emblemático impreso Cosmic Runner y el diseño publicitario Different Drummer. Asimismo, su icónico folleto para el festival político y social Be-In en el Central Park de Nueva York en 1967 consolidó su estatus como cronista visual de la contracultura. Estas obras definieron una iconografía repleta de arcoíris, astros y motivos pacifistas.
La influencia de Max rebasó las galerías tradicionales y se extendió a eventos masivos como la Copa del Mundo de 1994 y los premios Grammy. El Museo de Arte Moderno de Nueva York conserva actualmente varias piezas de su autoría que atestiguan su relevancia histórica. Su partida marca el cierre de una época dorada de optimismo visual donde el color sirvió como lenguaje universal para una generación que buscaba transformar la sociedad.
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