Este jueves 16 de abril Víctor Rodríguez Padilla, director general de Petróleos Mexicanos confirmó lo que todos sospechábamos, que el derrame en el Golfo de México se originó, el 8 de febrero, en los ductos submarinos de Pemex. En una de las declaraciones más patéticas por parte de un servidor público que yo recuerde, don Víctor se dijo engañado y ninguneado por parte de sus subalternos al grado de tener que pedir la información por oficio. El engaño duró más de dos meses, pero que ya podíamos dormir tranquilos, pues tres malas personas ya fueron removidas de sus cargos.
El problema es que el derrame no es un hecho aislado. Es la evidencia contundente de que la empresa ha perdido capacidad operativa. Los incendios en la refinería de Dos Bocas, las explosiones en plataformas como Nohoch-A, y los derrames en el Golfo de México son síntomas de una empresa que ha perdido márgenes de seguridad industrial.
En la industria petrolera, los incidentes ocurren, pero la diferencia entre una empresa robusta y una en crisis es la velocidad y eficacia con la que responde. Pemex hoy parece no tener ninguna de las dos.
Y difícilmente el problema puede atribuirse únicamente a infraestructura heredada y envejecida. Dos Bocas, el proyecto insignia de la política energética reciente, debía ser el punto de inflexión. En cambio, ha mostrado fallas desde su arranque: fugas, emisiones fuera de control e incluso incendios. Cuando una refinería nueva presenta este tipo de eventos, el argumento de que “todo es culpa del pasado” se desmorona.
La situación de Pemex hay que llamarla por su nombre. No se trata de un bache financiero ni de una coyuntura adversa. Es una crisis estructural que combina deterioro operativo, fragilidad financiera y una estrategia que privilegia ideología anacrónica sobre la lógica económica.
Y ante todo esto…¿qué hace el Consejo de Administración de Pemex? Entre sus funciones está darle seguimiento al desempeño financiero y operativo de la empresa. Parece que no solamente el director general está de adorno, también los consejeros. Llama la atención que la consejera Alicia Bárcena, secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales, no haya dicho ni pio ante un derrame de 75 kilómetros cuadrados y de consecuencias ambientales todavía por evaluar, pero que seguramente serán enormes.
Este último evento ilustra con claridad dos características de este gobierno: la incompetencia y la mentira. Pemex, la petrolera más endeudada del mundo, opera bajo una presión financiera extrema. A pesar de los cuantiosos recursos que todos, vía impuestos, hemos dado a la empresa, ésta sigue siendo una pesada carga. La crisis de Pemex no es nueva, pero sí ha entrado en una fase distinta: más visible, más costosa y más difícil de ocultar. La pregunta es si este director general y el Consejo de Administración de Pemex están a la altura de sacar adelante a la empresa. En mi opinión, lamentablemente, no lo están.
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