Tan pronto como en el año 2028, la superinteligencia artificial (IA) será capaz de superar ampliamente al intelecto humano en cualquier área del conocimiento sin que hasta la fecha las grandes corporaciones de Silicon Valley están sujetas a regulación alguna, pese a que en un futuro pueden desaparecer entre 80 y 100% del empleo global.
En el mundo robotizado y automatizado por la superIA, que controlaría toda la riqueza y gestión de los recursos, la noción del empleo deja de existir como la conocemos hasta ahora.
Un estudio de Banamex señala que en México se puede perder 30% de los empleos por la automatización en 2030 y en Latinoamérica la cifra será hasta de 38%.
Por el desempleo tecnológico masivo, el ser humano recibirá mensualmente un ingreso básico universal financiado por las grandes corporaciones, al no generar los trabajadores impuestos.
El empleo humano se volvería opcional, de unas cuantas horas diarias, creando una crisis por la falta de la identidad que da el trabajo.
En el plano político y de gobernanza, muchas decisiones quedarían en menos de un algoritmo en lugar de los gobernantes, ya que la tecnología avanza aceleradamente a diferencia de la lentitud de las instituciones políticas.
La superIA operaría con niveles de rapidez, sabiduría y creatividad que el ser humano es incapaz de comprender. Esta explosión haría que su inteligencia creciera exponencialmente en cuestión de segundos, sin que el hombre intervenga.
Con la superIA se podrían fabricar fármacos personalizados a nivel molecular, alcanzar la fusión nuclear, dirigir organizaciones globales enteras; acelerar la exploración espacial. O en el plano artístico, crear música, novelas, poesía, pintura y dilemas filosóficos inéditos.
Incluso en el plano teórico, la superIA podría llegar a sentir emociones, poseer autoconciencia y formular sus propios objetivos de vida, independiente de las estructuras que le fueron dadas por humanos.
¿Cabría preguntarse qué haría el ser humano en un mundo totalmente controlado por la superIA?
Ya hay teóricos que señalan que el hombre quedaría en un futuro subordinado o dependiente total que la diosa máquina le impusiera. Los seres humanos obedecerán los algoritmos para hacer más eficiente el planeta, sin margen en la toma de decisiones personales y políticas.
La sociedad dependería de una máquina superinteligente creada por grandes corporaciones como Anthropic o OpenAI, o por China, para gestionar los recursos globales, como alimentos, energía, salud, agua, comunicaciones y transporte.
Recomendar Nota
