Es natural que surja la pregunta de la pertinencia de un proyecto periodístico ante lectores y audiencias que tienen múltiples opciones.
Es natural que surja la pregunta de la pertinencia de un proyecto periodístico ante lectores y audiencias que tienen múltiples opciones.
México enfrenta tanto la exigencia de un nuevo “acuerdo” comercial con EU, que incidirá en la política económica, como la pérdida de confianza empresarial derivada de la incertidumbre legal y de seguridad...
La libertad es el bien común decisivo. Y la justicia consiste en que cada persona tenga oportunidades reales para vivir, con autonomía, la vida que elija...
La pregunta final no es geopolítica sino moral. ¿Queremos un mundo gobernado por intereses que se declaran “realistas” pero producen inseguridad permanente? ¿O queremos reinstalar la idea —mínima, imperfecta, imprescindible— de que hay líneas rojas que no se cruzan?
El ejercicio de la libertad de expresión se ha vuelto peligroso en México. Calumnias, exhibición de datos personales, demandas por cientos de millones de pesos...
El ecosistema para la inversión de empresas de todos los tamaños ha cambiado de forma súbita. En los últimos 24 meses se ha fraguado, en la práctica, una nueva arquitectura constitucional.
México se enfila hacia aguas profundas con un pronóstico de huracán categoría cinco, sin brújula, sin radar y con una capitana sin mapas ni marineros profesionales...
El combate a la inseguridad pública tampoco constituye una prioridad. Durante los últimos 18 meses, la entidad ha sido campo de guerra entre grupos del narcotráfico.
Aunque la clave para enfrentar los malos tiempos y a los malos políticos no la encontré en Disraeli sino en una frase del propio Maurois: “El horizonte es negro, la tempestad amenaza, trabajemos”
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