Hay algo revelador en la forma en que los partidos se relacionan con la sociedad civil: casi siempre han tenido que elegir entre ignorarla o usarla. Entre la indiferencia y el clientelismo. No siempre por mala intención. Muchas veces porque ese es el único lenguaje que el sistema enseñó. Los partidos aprendieron a movilizar. Las organizaciones civiles aprendieron a resistir. Cada quien desarrolló capacidades distintas y, en el proceso, aprendió a desconfiar del otro. El problema aparece cuando alguien intenta …
