Lo de Carin León no fue un simple tropiezo logístico ni una mala tarde para los operadores del poder. Fue otra cosa. Fue una señal política. Un evento empujado desde el aparato público, con promoción intensa, con un artista de enorme arrastre popular, con el sello del oficialismo encima y, aun así, con una asistencia claramente por debajo de la expectativa que se había sembrado. Medios locales reportaron que el estacionamiento de la Plaza Monumental no se llenó a su …
