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NOVELA: En el caleidoscopio mental: Elsinore de Salvador Elizondo

Claudia Fogliani

Para muchos será inusual pensar en Salvador Elizondo como un explorador de la autobiografía, un género que se prefiere considerar anclado en la experiencia y en la historia, más que en la ficción. Sin duda, el autor de Farabeuf resulta más conocido por su afición al contorsionismo metaliterario, por los juegos de cajas chinas que estructuran sus narraciones y también por cierto sadismo, representado ya sea en el texto, o padecido por el lector de sus despiadados experimentos narrativos. ¿Cuál sería, entonces, su apuesta narrativa en un texto de corte autobiográfico como Elsinore: un cuaderno?

Es verdad que Elizondo incursionó en el territorio de las escrituras del “yo” durante toda su vida. Es suficiente recordar sus Diarios, escritos a lo largo de más de 50 años, y una muy precoz Autobiografía, publicada en 1966. 

Por su parte, Elsinore se publicó en 1988 y se diferencia de la mencionada autobiografía por lo menos en dos aspectos: Elizondo ya es un escritor consagrado y el texto abarca un episodio específico de su vida, cuando, alrededor de los 13 años, es enviado a una escuela militar en los Estados Unidos. Años después, en este “cuaderno” el autor anota una historia más caracterizada por la experimentación formal que por los vagos aprendizajes y las tibias aventuras de su protagonista. Prueba de esto es que su relato empieza así: 

Estoy soñando que escribo este relato. Las imágenes se suceden y giran a mi alrededor en un torbellino vertiginoso. Me veo escribiendo en el cuaderno como si estuviera encerrado en un paréntesis dentro del sueño, en el centro móvil de un vórtice de figuras que me son a la vez familiares y desconocidas, que emergen de la niebla, se manifiestan un instante, circulan, hablan, gesticulan, luego se quedan quietas como fotografías, antes de perderse en el abismo de la noche, abrumadas por la avalancha de olvido y sumirse en la quietud inquietante de las aguas del lago.

Además de resonar con el íncipit de El Gráfografo (“Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo...”), este comienzo comete una herejía para cualquier autobiógrafo: delatar su propia ficción. La memoria se vuelve un lugar inseguro al que volver, un torbellino convulso desde el cual se proyectan imágenes que carecen de nitidez. Volver atrás es, para Elizondo, un borroso naufragio en el recuerdo.

El sueño es un elemento que contribuye a la opacidad que posibilita experimentar con la autobiografía, además de permitir implementar el inmersivo juego de las cajas chinas. De hecho, dentro del sueño entramos en otro, donde el joven Elizondo intenta seducir a su profesora de baile, miss Simpson, mientras un misterioso y vampírico hombre, el profesor Ebing (el guiño a Richard von Krafft-Ebing, el psiquiatra de todas las perversiones, es indiscutible), trata de sabotear la empresa amorosa.

Sin embargo, ninguna de las vicisitudes de Elizondo y su mejor amigo Fred se puede definir como heroica, alejándose del modelo de la novela de formación. De hecho, la juventud es representada como un periodo turbulento e incomprensible en muchos aspectos. No obstante, la creación de un pequeño poète maudit responde a una necesidad usual de los autobiógrafos: la de crear una retrospectiva significativa del propio pasado, en el que residen las semillas de una predestinación artística que justifica el propio presente.

A la luz de esta manipulación literaria del pasado, si se tuviera que decidir dónde se posiciona Elsinore:un cuaderno de Salvador Elizondo, entre lo autobiográfico y lo autoficcional, me inclinaría marcadamente hacia el segundo término, ya que implica el tipo de conciencia literaria que caracteriza la obra del autor desde sus inicios. Es más, muchas de las situaciones narradas, caracterizadas por ser voluntariamente opacas, sirven para edificar un personaje basado en parte en hechos reales y en hechos ficcionales. La identidad narrativa resultante es la consecuencia de un juego de espejos: un joven Elizondo personaje escrito por un experimentado Elizondo escritor.

*Claudia Fogliani. Nació cerca de Venecia. Cursa el doctorado en Literatura Hispánica en El Colegio de México y, en su tiempo libre, organiza círculos de lectura. Sus reseñas han sido publicadas en CrunchED y CriticaLetteraria

@ClaudiaFogliani

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